ESTAMOS EN OBRAS
12.8.08
26.7.08
¿A QUÉ JUEGA EL PP?
Es bastante el tiempo que llevo contemplando desde la más absoluta perplejidad muchas de las noticias que genera el Partido Popular tras el pasado 9 de marzo. Estoy seguro de que no soy el único que se hace la pregunta que da título a este artículo. En mi caso, desde hace un tiempo, es raro el día que esta cuestión no ronda mi mente.
A veces parece que los dirigentes coyunturales de la que sigue siendo la fuerza política con más afiliados de Europa se han empeñado en desmantelarla desde dentro. Tras bastante tiempo de guerra interna, lavando los trapos sucios fuera de casa y delante de todo el mundo. Después de regalar innecesaria carnaza a sus más declarados enemigos y dejar con un palmo de narices a muchos miles de sus electores -personas que han otorgado su voto al partido, incluso cuando contaba con una sola "p" en su logotipo-, parece que siguen con ganas de sorprendernos.
Resulta evidente que una de las razones de todas las disputas internas vividas últimamente en Génova 13 y demás sedes regionales es la cuestión territorial. Está claro que los problemas que encontró María Sangil para seguir al frente de la Ponencia Política del XVI Congreso Nacional celebrado hace poco más de un mes en Valencia no son tan superficiales como se ha afirmado desde la Ejecutiva del partido. No hay duda que todo es más profundo. La verdad es que yo no le veo el menor problema a que el Partido Popular, manteniendo unas posturas lógicas y con los límites bien marcados, se reuna con los partidos nacionalistas para tratar temas en los que la unidad de España no esté ni de lejos sobre la mesa. Otra cosa muy diferente son los continuos guiños nacionalistoides que están realizando los dirigentes de la formación en aquellas regiones más azotadas por el nacionalismo. En las últimas horas nos hemos encontrado con la petición de Alicia Sánchez Camacho al PSC de que haga cumplir al Gobierno lo prometido en financiación, así como con las palabras de Alberto Núñez Feijoó, en las que ha afirmado que defenderá "la doble nacionalidad" de los gallegos. Asistiendo a tan, cuanto menos, curiosas actitudes, no es de extrañar que ninguno de los dos haya firmado el Manifiesto por la Lengua Común.
Personalmente, cada vez que me encuentro ante alguna noticia que pone en evidencia actitudes de este "nuevo PP", intento confiar en la inteligencia de Mariano Rajoy: pienso que fue el primero de su promoción, que no será tonto, que lleva muchos años en política y sabrá lo que hace. Lo cierto es que esa deducción cada vez me parece menos creíble, y cada día lo entiendo todo un poco menos. No tengo ni idea de lo que tiene pensado hacer este señor con los casi 10 millones y medio de votos que obtuvo hace algo menos de cinco meses.
Sea cuál fuere la estrategia, nunca me ha parecido bien, en ninguna faceta de la vida, traicionar a los que te quieren por intentar caerle en gracia a quien lleva demasiado tiempo insultándote ferozmente y dándote la espalda premeditadamente.
Resulta evidente que una de las razones de todas las disputas internas vividas últimamente en Génova 13 y demás sedes regionales es la cuestión territorial. Está claro que los problemas que encontró María Sangil para seguir al frente de la Ponencia Política del XVI Congreso Nacional celebrado hace poco más de un mes en Valencia no son tan superficiales como se ha afirmado desde la Ejecutiva del partido. No hay duda que todo es más profundo. La verdad es que yo no le veo el menor problema a que el Partido Popular, manteniendo unas posturas lógicas y con los límites bien marcados, se reuna con los partidos nacionalistas para tratar temas en los que la unidad de España no esté ni de lejos sobre la mesa. Otra cosa muy diferente son los continuos guiños nacionalistoides que están realizando los dirigentes de la formación en aquellas regiones más azotadas por el nacionalismo. En las últimas horas nos hemos encontrado con la petición de Alicia Sánchez Camacho al PSC de que haga cumplir al Gobierno lo prometido en financiación, así como con las palabras de Alberto Núñez Feijoó, en las que ha afirmado que defenderá "la doble nacionalidad" de los gallegos. Asistiendo a tan, cuanto menos, curiosas actitudes, no es de extrañar que ninguno de los dos haya firmado el Manifiesto por la Lengua Común.
Personalmente, cada vez que me encuentro ante alguna noticia que pone en evidencia actitudes de este "nuevo PP", intento confiar en la inteligencia de Mariano Rajoy: pienso que fue el primero de su promoción, que no será tonto, que lleva muchos años en política y sabrá lo que hace. Lo cierto es que esa deducción cada vez me parece menos creíble, y cada día lo entiendo todo un poco menos. No tengo ni idea de lo que tiene pensado hacer este señor con los casi 10 millones y medio de votos que obtuvo hace algo menos de cinco meses.
Sea cuál fuere la estrategia, nunca me ha parecido bien, en ninguna faceta de la vida, traicionar a los que te quieren por intentar caerle en gracia a quien lleva demasiado tiempo insultándote ferozmente y dándote la espalda premeditadamente.
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22.7.08
LONDRES
Poco o nada puedo aportar que no se haya dicho, escrito o afirmado ya sobre Londres y cada una de sus infinitas circunstancias. Aparte de guías y programas de viajes, son cientos, miles, los libros y películas en los que uno puede encontrarse en medio de esta gran ciudad sin moverse de su casa. Es uno de esos sitios del mundo que siempre parecen familiares, uno de esos lugares en los que, aunque acabes de llegar, parece que has estado desde siempre.Al recorrer sus calles, contemplar sus edificios y sentir su vida afloran en mi mente numerosas reflexiones de las que nacen conclusiones, que seguro son compartidas por la mayoría de los mortales. En cualquier caso, por poco originales que resulten, no quiero dejar de exponerlas en este texto. En un primer momento me doy cuenta de que si hay una cualidad definitoria de Londres, ésta es su tamaño. Lo cierto es que no es ni de lejos la mayor ciudad del planeta, pero no cabe duda de que se trata de una macrourbe de primerísimo nivel. En este sentido, el hecho que más ha llamado mi atención es la enorme armonía con la que conviven lo moderno y lo tradicional. Es paradigmático cómo los británicos han sido capaces a lo largo de los años de mantener vigentes instituciones centenarias sin sufrir apenas revoluciones. Su capital, siendo una de las metrópolis más avanzadas de Occidente, una de las capitales del mundo, emana en exacta proporción Historia y Poder.
La reflexión anterior me lleva al siguiente pensamiento que, de manera automática, Londres coloca en mi mente. Éste no es otro que la sensación de encontrar, de ver, de sentir el mundo dentro de una ciudad. No exagero un ápice si afirmo que al visitar Buckingham Palace uno tiene la sensación de que ese edificio sigue siendo el centro de un imperio. En definitiva, ¿Qué es la Commonwealth sino tal cosa? Sea como fuere y desviaciones aparte, resulta lógico que, como consecuencia de ese pasado colonial, ahora y desde hace muchos años, habiten la capital británica personas de todas las nacionalidades, razas y credos. Me parece muy significativo el grado de integración de los unos con los otros y los otros con los unos. Después de unos días, uno no sabe quién es más londinense, si un inglés o un pakistaní.
Es imposible negar que las reflexiones anteriores no dejan de ser alcanzables por cualquiera que pasee un rato por la capital inglesa. Seguro que son más originales, al menos sólo míos, aquellos pensamientos, sensaciones e ideas que únicamente la suma de mi experiencia londinense y mis circunstancias personales puede destilar. La verdad es que si los tengo es gracias a ti, porque tú lo has hecho posible. Siento que es una ciudad única, un lugar al que siempre quise ir y al que ya tengo ganas de volver. De entre todos los sentimientos que mantengo, uno de los predominantes es el de que muchas cosas ya no volverán a ser las mismas: ni tú, ni Londres, ni esas canciones, ni la LSE, ni un elefante, ni un castillo... Pesares, que el tiempo va deshaciendo, aparte, es un honor y una eterna razón para dejar escapar una sonrisa poder decir que he estado allí contigo. No lo dudes, jamás lo olvidaré.
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