
Hoy, después de más de cuarenta días secuestrados, han sido liberados los marineros del Alakrana. Eso ya no es noticia para nadie. Tampoco lo es que el Gobierno haya vuelto a ceder al chantage, en esta ocasión pagando entre 2 y 3 millones de euros a los piratas somalíes. Entre 2 y 3 millones de euros de nuestros impuestos, por supuesto.
No cabe duda de que de los polvos del Playa de Bakio vienen los lodos del Alakrana. Es decir, la debilidad de nuestro Ejecutivo, de sobra conocida internacionalmente, ha sido una de las razones por las que los piratas han elegido nuestros barcos a la hora de llevar a cabo un secuestro. La gran ONG que es nuestro ejército no impone ningún respeto, y eso no es culpa de nuestros militares, lo es de nuestro presidente y de nuestra ministra de Defensa, claro está.
Aún creyendo firmemente lo anterior, no puedo decir que no me alegre de la liberación de unas personas secuestradas, que, además, ninguna culpa tienen de la debilidad y cobardía de su Gobierno. Claro que lo hago, y más cuando me pongo en el lugar de sus familiares, pero no me gusta en absoluto que mis impuestos sirvan para pagar a criminales a los que se les deja escapar libremente, porque todos nos imaginamos lo que esas ratas harán con ese dinero. Puestos a elegir, preferiría ser ciudadano de un Estado capaz de imponer su poder tanto dentro como fuera de la nación, y no de un estado gobernado por unas personas a las que sólo les importa la propaganda y las próximas elecciones.
En días como hoy, en los que la debilidad de nuestro Gobierno se hace latente, recuerdo a todos a aquellos que se enfrentaron cara a cara al terrorismo como ciudadanos de un Estado fuerte y seguro de sí mismo. Recuerdo a aquellos que dieron su vida porque no convivieron con un Estado capaz de ceder ante el crimen, todos, seguramente, convencidos de que tanto ellos como su Gobierno hacían lo correcto. Es cierto que éste no ha sido un secuestro basado en ningún tipo de reivindicación política, pero si el mensaje transmitido anteriormente no hubiese sido de debilidad, más que probablemente ahora no seguiríamos sufriendo este tipo de situaciones. Y las que vendrán.
De manera especial, no puedo dejar de pensar en Miguel Ángel Blanco. Todos recordamos su historia, cómo fue asesinado a sangre fría hace ahora más de doce años, sólo por ser español, mientras el Gobierno de Aznar se negaba a ceder al chantaje de ETA. Es ese agravio comparativo, esa actitud cobarde e incapaz de Zapatero, lo que supone un insulto, un deshonor a Miguel Ángel, a su memoria y a todos los que sufrimos aquellos días. Hace más de doce años, todos sabíamos que nuestro Gobierno estaba haciendo lo correcto, hoy no.
No cabe duda de que de los polvos del Playa de Bakio vienen los lodos del Alakrana. Es decir, la debilidad de nuestro Ejecutivo, de sobra conocida internacionalmente, ha sido una de las razones por las que los piratas han elegido nuestros barcos a la hora de llevar a cabo un secuestro. La gran ONG que es nuestro ejército no impone ningún respeto, y eso no es culpa de nuestros militares, lo es de nuestro presidente y de nuestra ministra de Defensa, claro está.
Aún creyendo firmemente lo anterior, no puedo decir que no me alegre de la liberación de unas personas secuestradas, que, además, ninguna culpa tienen de la debilidad y cobardía de su Gobierno. Claro que lo hago, y más cuando me pongo en el lugar de sus familiares, pero no me gusta en absoluto que mis impuestos sirvan para pagar a criminales a los que se les deja escapar libremente, porque todos nos imaginamos lo que esas ratas harán con ese dinero. Puestos a elegir, preferiría ser ciudadano de un Estado capaz de imponer su poder tanto dentro como fuera de la nación, y no de un estado gobernado por unas personas a las que sólo les importa la propaganda y las próximas elecciones.
En días como hoy, en los que la debilidad de nuestro Gobierno se hace latente, recuerdo a todos a aquellos que se enfrentaron cara a cara al terrorismo como ciudadanos de un Estado fuerte y seguro de sí mismo. Recuerdo a aquellos que dieron su vida porque no convivieron con un Estado capaz de ceder ante el crimen, todos, seguramente, convencidos de que tanto ellos como su Gobierno hacían lo correcto. Es cierto que éste no ha sido un secuestro basado en ningún tipo de reivindicación política, pero si el mensaje transmitido anteriormente no hubiese sido de debilidad, más que probablemente ahora no seguiríamos sufriendo este tipo de situaciones. Y las que vendrán.
De manera especial, no puedo dejar de pensar en Miguel Ángel Blanco. Todos recordamos su historia, cómo fue asesinado a sangre fría hace ahora más de doce años, sólo por ser español, mientras el Gobierno de Aznar se negaba a ceder al chantaje de ETA. Es ese agravio comparativo, esa actitud cobarde e incapaz de Zapatero, lo que supone un insulto, un deshonor a Miguel Ángel, a su memoria y a todos los que sufrimos aquellos días. Hace más de doce años, todos sabíamos que nuestro Gobierno estaba haciendo lo correcto, hoy no.













0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada