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Arkaitz, tú sí que vales

Imagen | porunpeloturf.es

Si algo indica que el año está llegando a su fin, turfísticamente hablando, es la inminencia del Villamejor (Categoría A). Se trata del último Gran Premio dentro del calendario nacional de carreras y se celebrará el próximo 30 de noviembre en La Zarzuela. Es hora, pues, de ir haciendo balance.

Entre los cientos de purasangres que durante este 2014 han posado sus cascos sobre la hierba o la arena de los variados hipódromos españoles, destaca sobremanera un joven y castaño ejemplar llamado Arkaitz. Quédese con este nombre que me da a mí en la nariz que va a conceder más de una alegría a nuestro apurado turf patrio. Maneras no le faltan, créame.

Nacido y criado en nuestro país, logra su primera victoria allá por el mes de abril cuando se hace con el Premio Cimera-Poule de Potros (Categoría A). Aquí deslumbra en un lote de enorme calidad aguantando el envite final de un gran Diego Valor que, por cierto, se había laureado semanas antes en una prueba de considerable entidad en Mont-de-Marsan.

El siguiente reto que asume el tres años es el Gran Premio Nacional (Categoría A). Si bien venía de conseguir un fácil triunfo, muchos dudaron sobre si sería capaz de repetir primer puesto en esta ocasión. El problema era la distancia, el hijo de Pyrus nunca había corrido por encima de la milla y ahora tendría que afrontar los 2.200 metros.

Al hilo de esto, y al final entenderá porque le cuento lo que sigue, un buen amigo, novicio en el mundo de las carreras, me preguntaba este verano, mientras esperábamos pacientemente la salida del Gran Premio Ciudad de Sanlúcar, si influía tanto la distancia a recorrer en el rendimiento de un caballo. Contesté afirmativamente a la par que oteaba a través de mis prismáticos. Él insistió, no comprendía la razón por la que un buen ejemplar podía vencer fácilmente sobre los 2.000 metros y fallar estrepitosamente sobre los 1.200. La explicación era sencilla pero suelo comparar el turf con otros deportes cuando alguien me plantea este tipo de cuestiones, así las dudas se dilucidan mejor.

Resulta que mi estimado interrogador es aficionado al atletismo así que le pregunté quién había conquistado la medalla de oro en los 100 metros durante los últimos Juegos Olímpicos. “Usain Bolt, ¡cómo no!” dijo. Igualmente le pedí que me desvelara el ganador del mismo galardón pero en categoría maratón. “Stephen Kiprotich”, contestó. “¿Stephen qué? bueno da igual, ¿cuál de los dos es mejor?”, continué yo. Me expuso que no podían compararse porque, aunque los dos eran atletas, cada uno era especialista en una distancia y que esto a su vez dependía, entre otros factores, del físico de cada corredor y de su entrenamiento. Así pues era impensable, manifestaba, que Bolt compitiera en una maratón o que Kiprotich corriera los 100 metros.

Lo miré y tras un breve silencio volví a preguntar “¿lo entiendes ahora?”. Sonrió y asintió al mismo tiempo que sonaba la vieja campana que en Sanlúcar anuncia que los purasangres ya vuelan sobre la playa.

En definitiva, y sin alargarme mucho más, lo que trataba de aclararle a mi querido amigo con este símil es que cada caballo, marcado por su genética y preparación, tiene su distancia.

Y como decía, esto era lo que generaba incertidumbre sobre las posibilidades de Arkaitz en su siguiente compromiso. Hasta el momento únicamente había acometido pruebas para velocistas obteniendo excelentes frutos, lo que, en teoría, ponía de manifiesto que el potro era un esprínter y no un caballo de fondo. Ahora el recorrido se veía aumentado ampliamente, superando el doble kilómetro.

Pues bien, nuestro prometedor protagonista no sólo consigue superar este escollo de los metros sino que además apabulla a sus siete contrincantes venciendo en el Nacional por seis cuerpos y medio.

Arkaitz despeja dudas y empieza a ser tomado muy en serio demostrando poseer tres cualidades muy apreciadas e importantes en un caballo de carreras: punta de velocidad, pulmones y remate.

Sus propietarios reciben numerosas ofertas pero todas son rechazadas. Se llega a comentar en algún que otro paddock, particulares mentideros de este deporte, que el francés Anthony Forde, dueño de Safsaf, llegó a poner encima de la mesa más de 120.000 euros.

La siguiente parada fue el Gran Premio Villapadierna-Derby Español (Categoría A). Como resultado un nuevo paseo para el guapísimo ejemplar de Di Benisichi que con un soberbio cambio de ritmo terminó imponiéndose sobre lo mejorcito de su generación, esta vez por cerca de cuatro largos.

De esta manera logra el triplete Poule- Nacional- Derby, hito que no se alcanzaba desde 1979 cuando lo hizo el mítico Tucumán. Apuntaba ya muy alto el castaño.

Con este panorama llega la cita cumbre del año en nuestro país, el Gran Premio de Madrid (Listed).

Es finales de junio y Arkaitz se presenta con cuatro durísimas carreras en el cuerpo disputadas en tan sólo tres meses. En frente elementos de la categoría de Fortun, ganador de la preparatoria, Frine, temible vencedora del Prix Royallieu (Grupo 2) o Entre Copas, doble laureado en este Gran Premio (2011 y 2013).

Teniendo en cuenta el esfuerzo acumulado y las previsibles condiciones de la prueba, poco favorables, quizás era el instante idóneo para darle un merecido respiro al potro y pensar más en el otoño. Sin embargo sus responsables deciden que aún no es momento de parar y Arkaitz es partant.

Habría cambio en la silla. Se bajaba su jockey habitual, José Luis Martínez, quien por contrato con la cuadra Bloke debía montar a Andry Brusselles. El sustituto elegido sería Roberto Carlos Montenegro.

El tren de carrera, al igual que el en Derby, fue realmente severo. Neson, realizando labores de cuadra, hizo de liebre imponiendo un ritmo tremendo desde el primer golpe de cajones.

No vi a Arkaitz cómodo en ningún momento y, sin duda, su durísima temporada junto con el selectivo paso impuesto por el ejemplar de Ioannes Osorio le estaba pasando factura. Llegada la recta final Frine, con un efectivo remate, alcanza la punta y logra un triunfo absolutamente incuestionable. Nadie le tosió a la yegua conducida por Jeremy Crocquevieille. Con todo, el pupilo de Francisco Rodríguez consiguió colocarse pasando cuarto por el poste de meta.

Arkaitz pinchó pero, al igual que los estudiantes remolones tienen la oportunidad de recuperar tras el verano, el potro tenía una ocasión de oro para resarcirse. Eso sí, la asignatura era realmente dura, nada más y nada menos que el Gran Premio Memorial Duque de Toledo (Listed).

Estamos en octubre, Arkaitz ha pasado el largo estío descansando y preparando su refriendo.

Para su retorno a la competición, sus responsables escogen sabiamente una de las pruebas preparatorias del Memorial, el Premio Royal Gait (Categoría B), reservado para la generación clásica.

El resultado no pudo ser mejor. El crack, tras más de tres meses en el dique seco, vuelve de forma brillante a las pistas y vence a las manos con José Luis Martínez de nuevo en la silla.

Llega la hora de la verdad, es el día del Gran Premio Memorial Duque de Toledo. Todo pinta bien para Arkaitz, borda la distancia, le encanta el trazado, presenta un estado de forma envidiable y su reaparición ha sido de ensueño. Sin embargo, nuestro protagonista se las tendrá que ver con cinco durísimos oponentes entre los que claramente despunta el todopoderoso Abdel.

Sólo basta repasar brevemente parte de su palmarés para poner en perspectiva quién es este hijo del tristemente desaparecido semental irlandés Dyhim Diamond: ha salido a pista en 35 ocasiones consiguiendo un balance de 15 victorias y 11 colocaciones. Es ganador del Memorial Duque de Alburquerque (Categoría B), de la Copa de Oro de San Sebastián (Listed), del Gobierno Vasco (Listed), del propio Memorial Duque de Toledo y del Gran Premio de la Hispanidad (Listed), este último por partida doble. Hasta el momento acumula 330.045 euros en ganancias y se trata del caballo de carreras de mayor valor oficial de los que actualmente compiten en nuestro país. Casi nada.

Como no podía ser de otra manera, la prueba levanta una gigantesca expectación y las gradas de La Zarzuela presentan un ambiente espectacular.

El juez de salida da el banderazo y el viejo Abdel sale valiente como de costumbre. Toma la responsabilidad de la carrera estableciendo un ritmo endiablado. Arkaitz lo marca bien de cerca, no separándose de su grupa ni un segundo. Tercero es Fortun y más atrás Navarra, Achtung e Infinity One cerrando el grupo. El orden apenas varia durante todo el recorrido manteniéndose hasta la recta final donde Abdel, acusando el desgaste de la punta y una larga temporada, empieza a desfondarse. El representante de la cuadra Duque de Alburquerque es absorbido por el pelotón y un sobradísimo Arkaitz, sin ni siquiera ser braceado por “Magic” Martínez, se va solo hacia la meta mientras 8.000 personas puestas en pie aplauden al que desde ese mismo instante se convierte en el caballo del año en España.

¿Y ahora qué? Es innegable que nuestro turf se ha quedado pequeño para este fuera de serie. Es el momento de dar el salto a los hipódromos franceses y británicos, tiene credenciales de sobra para hacerlo.

No vacilo al afirmar que estamos ante un caballo de grupo porque he visto en él esa forma de galopar que sólo tienen los superclases y, personalmente, estoy más que ansioso por verlo correr en Paris, Chantilly, Londres o Newmarket.

Únicamente cabe esperar que sus responsables sepan escoger el camino idóneo para que el potro pueda dar lo mejor de sí mismo y demostrar a nuestros vecinos europeos que, cuando se habla de carreras, España también cuenta porque, querido Arkaitz, tú sí que vales.

IVL

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