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Brasil, un Mundial de contrastes

Hoy es el día. Esta noche millones de aficionados al fútbol en todo el mundo verán el que será el primer partido del Mundial de Brasil. Y es que este no es un mundial más. Puede que el fútbol naciera en Inglaterra pero es en Brasil donde se vive de una forma única, este es el país del fútbol.

Los niños brasileños, ricos o pobres, crecen con una pelota entre sus pies admirando a sus ídolos, soñando en convertirse algún día en un jugador profesional y defender a su país en una competición internacional. Y es que puede que el fútbol sea solo un deporte, pero para estos niños es mucho más, sobre todo para aquellos niños que crecen en las famosas favelas. Para éstos, es una vía de escape a esos problemas que sufren diariamente en sus casas, es una forma de vida.

Todos conocemos los problemas que se viven en Brasil, y más ahora que este país se ha convertido en el centro del mundo por unos días. Desalojos, prostitución infantil, tráfico de drogas, problemas en la educación y sanidad pública, huelgas de transportes… Muchísimas personas se han manifestado estos días por las calles de Brasil quejándose por la organización de un evento deportivo de estas magnitudes en un país en el que los servicios públicos son tan deficitarios. Y este no es el único problema con el que se ha encontrado la FIFA, ya que la organización de este Mundial ha sido un auténtico desastre. El propio Ronaldo, el jugador que más goles ha marcado hasta el día de hoy en la historia de los Mundiales, se quejaba de cómo, a escasos días del comienzo de la competición, se podían ver estadios y aeropuertos sin terminar, numerosas promesas incumplidas y a un pueblo que vive el fútbol tan apasionadamente y que ha terminado muy decepcionado.

Brasil 2La intención de estos eventos no es solo la competición en sí, sino también transmitir valores como el rechazo al racismo, el respeto, el compañerismo, el trabajo, la ambición en su justa medida, el esfuerzo y, en este caso, el patriotismo. Además de eso, se pretende que países como Brasil tengan un pequeño empujón para mejorar sus infraestructuras, pero ya depende del gobierno y la organización aprovechar esta oportunidad o no. Mucho se está hablando de la corrupción que hay dentro del principal organismo del fútbol mundial, pero hasta que no se aclaren ciertas cosas un servidor se abstendrá de prejuzgar a nadie.

A parte de todos estos problemas, y ciñéndonos a lo puramente deportivo, estamos ante la competición más seguida en el mundo entero. Este no es un acontecimiento deportivo más, son cuatro años esperando para ver a los mejores jugadores del mundo dejándoselo todo por su país. Esto va más allá que el fútbol de clubes, hablamos de países, de sentimientos nacionales de millones de personas. Esta es la guerra de nuestro tiempo, batallas de noventa minutos en las que cualquier cosa puede pasar. Noventa benditos minutos que pueden dejar fuera de la competición a las primeras de cambio a una campeona del mundo como era Italia y a una subcampeona como era Francia, tal y como ocurrió en el pasado mundial, o hacer campeona a una selección que persiguió este título durante ochenta años hasta conseguirlo.

La historia de los mundiales comienza en Uruguay en el año 1930 y desde entonces han competido por este título las figuras más ilustres de este deporte, algunos pocos consiguiendo tan preciado trofeo y otros muchos quedándose en el camino. Esta es la XX edición y se juega en el país del fútbol, en Brasil. Es la segunda edición que se juega en este país, pero los brasileños no guardan un grato recuerdo de la primera edición que se jugó en su tierra. Aún sobrevuela el fantasma del “Maracanazo” en los corazones de los brasileños, aunque esta vez confían en que los Neymar y compañía se alcen con el ansiado trofeo, que sería el sexto título mundial para la “canarinha”.

Brasil 3Ninguna selección tiene más mundiales que Brasil (5), tras ella encontramos a los italianos con cuatro entorchados, le sigue Alemania con tres y justo por detrás Argentina y Uruguay con dos cada una. Por último, están los tres campeones que cuentan con una copa del mundo en sus vitrinas: Inglaterra, Francia y España.

Un Mundial cada cuatro años, 209 selecciones nacionales, 32 de ellas en la fase final y un solo campeón. Estos días los medios de comunicación sacan del archivo imágenes de mundiales pasados con las que a todos nos vienen a la mente recuerdos de nuestra infancia, momentos inolvidables que compartimos con personas que puede que ya no estén o con las que no tenemos ya tanta afinidad como antes. Sea como fuere, el Mundial es mucho más que un simple acontecimiento deportivo, es un momento para compartir con amigos y familiares, son abrazos, gritos y saltos de alegría, algunas lágrimas de rabia e impotencia, y nervios, muchísimos nervios.

Nuestros mayores ya nos decían que España nunca ganaría un Mundial, que ese privilegio tan solo estaba reservado para unos pocos. La Brasil de Pelé, Romário o Ronaldo; la Alemania de Beckenbauer, Müller o Matthäus; la Argentina de Kempes, Valdano o Maradona; la Italia de Rossi, Del Piero o Buffon; y la Francia de Zidane, Henry o Barthez parecían estar a años luz de nuestra selección.

Brasil 4Pero llegó el momento de España. Luis Aragonés, veterano jugador y entrenador español que recorrió numerosos clubes de nuestro país asumiendo ambos roles antes de tomar las riendas de nuestra selección, fue capaz de confeccionar un grupo joven y ganador. Consiguió convencer a 23 elegidos de entre 47 millones de que podían hacer historia con la camiseta de nuestro país. Y así fue como conseguimos la que sería nuestra segunda Eurocopa… pero lo mejor estaba por llegar. Vicente Del Bosque, ganador con el Real Madrid en dos ocasiones de la competición más importante a nivel de clubes, la Champions League, tomó el relevo de Luis Aragonés y conservó la misma filosofía de juego dándole unas cuantas pinceladas. Con él y otros 23 llegó el momento más esperado por los españoles, futbolísticamente hablando.

El 11 de julio de 2010, España se convirtió en reina y señora del fútbol mundial por primera vez en su historia. Fue un momento que trascendió de lo meramente futbolístico, fue mucho más allá. Millones de banderas españolas ondearon al viento representando la alegría y la unión de un país que estaba pasando por unos momentos muy duros debido a la crisis económica que aún nos azota. Unión de un país que muestra signos de ruptura por culpa de una minoría muy ruidosa, pero ese día quedó demostrado que España solo hay una. Mas no quedó todo ahí. Por si quedaba alguna duda de la capacidad y de la ambición de los futbolistas de este país, dos años más tarde de nuestro mundial se hicieron con la tercera Eurocopa española, demostrando que nunca se cansa uno de ganar, y que si se cree y se trabaja, se puede conseguir hasta lo más impensable.

Pues bien, han pasado cuatro años desde que Iker Casillas levantara al cielo de Johannesburgo esa copa tan ansiada por todos. Ha llegado el momento de defender lo que tanto trabajo costó conseguir. Hay mucha gente que piensa que ya se ha pasado la etapa gloriosa de nuestra selección, pero lo mismo dijeron en la última Eurocopa y goleamos a Italia en la final.

Dicen que sólo es una competición futbolística, que sólo son 22 hombres detrás de un balón, que sólo es deporte. Pienso que este deporte es mucho más que todo eso que dicen, ya que hace olvidar a millones de personas las desdichas de su día a día. Este deporte mueve un sentimiento nacional único que hoy en día ninguna institución o persona pública es capaz de mover. El fútbol es una fiesta, y hay que vivirlo como tal. Será muy difícil repetir lo conseguido en Sudáfrica pero en estos casos siempre me acuerdo del eslogan de una conocida marca deportiva, “Imposible is nothing…”

Os dejo un vídeo para que recordéis lo difícil que es ganar esta copa, espero que os guste.

 

Imágenes | agrega.eduacion.es / elcomercio.pe /  peru.com / twicsy.com

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