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Ciudadanos con voz

Dos nuevas formaciones políticas han confirmado en los últimos tiempos la crisis estructural del sistema. Por un lado Movimiento Ciudadano, la plataforma nacional de Ciudadanos de Cataluña, el partido liderado por Albert Rivera que en poco tiempo se ha convertido en la verdadera oposición al nacionalismo en esa región española. Por otro, Vox, en el que destacan José Antonio Ortega Lara o Santiago Abascal y que supone un refugio para la creciente masa de votantes del PP que desde hace tiempo miran para otro lado en busca de representación.

Tanto Movimiento Ciudadano como Vox, más que escisiones o reacciones, son consecuencias del funcionamiento nada democrático y carente de rumbo de los dos grandes partidos presuntamente nacionales. La primera desde unas posturas que podrían calificarse de centro-izquierda y la segunda con postulados susceptibles de ser etiquetados como de centro-derecha presentan propuestas bien diferenciadas y en muchos casos compatibles, encaminadas a la regeneración democrática e incluso moral de la sociedad. Precisamente la diferenciación propicia que las críticas provengan, y a mucha velocidad, de aquéllos sectores –quien dice sectores dice seres– políticos y periodísticos que perciben a cada una de ellas como amenaza.

En este caso, ante las descalificaciones y los insultos es inevitable aplicar aquello de “ladran, Sancho, señal de que cabalgamos”. Y así parecen hacerlo los dirigentes de ambas formaciones, que ven en esas actitudes la prueba del miedo que las iniciativas que lideran causan entre quienes de manera poco honrada se benefician del sistema actual. La hostilidad como prueba de éxito.

Aquella frase, erróneamente atribuida a Don Quijote de la Mancha, me recuerda a una historia que solía narrar Ronald Reagan sobre tres perros, uno americano, otro polaco y otro ruso, que se encontraban reunidos hablando de sus cosas allá por los años 80. El perro americano les contaba cómo funcionaba todo en su país: “Ya sabéis, ladras y tras haber ladrado lo suficiente, alguien te da algo de carne”, les dijo. A lo que el perro polaco respondió “¿qué es carne?” y el ruso, “¿qué es ladrar?”.

Aunque la carne no abundan en estos tiempos, en la mayoría de los lugares de España todavía es posible ladrar. Últimamente, antes que una posibilidad es poco menos que una obligación para, al menos, poder seguir haciéndolo. Ladrar para ser ciudadanos.

 

Imagen | dialogolibre.com

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