LO ÚLTIMO »

El Escorial de los mares

El pasado 21 de octubre hacía 208 años de la Batalla de Trafalgar, en la cual, después de una victoria rotunda por parte de los británicos, la Armada española, la segunda más poderosa del globo, quedaba prácticamente aniquilada gracias a la inoperancia francesa en la contienda. En dicho enfrentamiento naval formaba parte de la escuadra española el navío más portentoso de la batalla y de su época, el Santísima Trinidad.

El Santísima Trinidad fue el navío más preparado de su época, todo un coloso al que renombraron los marinos como “el Escorial de los mares”. Prestó servicio a la Armada española durante treinta y seis años y en él desempeñaron su servicio soldados considerados como los mejores. Fue construido en los astilleros de La Habana en 1769, para ello se utilizaron maderas preciosas como caoba, júcaro y caguairán, en su botadura se observaron varios desperfectos que se corrigieron más adelante en los astilleros del Ferrol y de Cádiz.

Este navío español constaba de cuatro puentes (plantas), 61 metros de eslora de popa a proa y 17 metros de manga (ancho), dimensiones extraordinarias respecto al resto de los navíos de su época. En un principio constaba de 116 cañones, que se ampliarían en 1796 a 130 y una tercera ampliación a 140 cañones para la batalla de Trafalgar. A bordo de este impresionante buque llegaron a ir más de 1000 personas. Como mascarón de proa tuvo un león rampante y posteriormente una talla de la Divina Trinidad.

Los cañones del Santísima Trinidad eran temidos en batalla y la intervención del buque fue decisiva en numerosos enfrentamientos. En 1780 participó en el apresamiento de un convoy inglés compuesto por 51 barcos, y en 1797 fue clave en la batalla de San Vicente donde se enfrentó al Captain de Nelson. Llegaría su fin en la batalla de Trafalgar en la cual estuvo a su mando el almirante gaditano Francisco Javier Uriarte. Ante la inutilidad e ineficacia en la estrategia francesa al mando de Villeneuve, la escuadra española junto con la francesa quedó a merced del cañoneo de los navíos ingleses. El navío que luchó, como buen español, hasta el último aliento, soportó el incesante fuego de las naves inglesas hasta que lo desarbolaron y lo inmovilizaron hasta el abordaje en el cual perdieron la vida más de doscientos marineros en sus bodegas. Los navíos ingleses Naiade y Phoebe intentaron remolcarlo hacia Gibraltar, pero a causa del deterioro y del temporal se hundió a unas 30 millas al sur de Cádiz.

Del fondo del mar se extrajeron las piezas de artillería de este portentoso navío, orgullo de un Imperio que se apagaba, para ser instaladas a la entrada del Panteón de Marinos Ilustres en San Fernando. Este es un ejemplo de la grandiosidad de nuestra historia y del poderío de nuestra nación en el mundo, tiempo atrás.

 

1 Comentario en El Escorial de los mares

  1. En la batalla de trafalgar la victoria inglesa no fue tan rotunda. Fueron hundidos navios ingleses y quedaron inutilizados también fragatas. Y murieron miles de ingleses. Lo de una victoria inglesa aplastante es un cuento

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.


*