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El Escorial, el símbolo del Imperio

Si pensamos en la época más gloriosa de la historia de España muchos recurriremos a los siglos XVI y XVII, años en los que, sobre todo durante el XVI, nuestra nación dominaba el mundo conocido siendo juez supremo de todos los conflictos producidos en el viejo y el nuevo mundo. Los Austrias mayores como denominaban a Carlos I y su hijo Felipe II fueron dos de los grandes gobernantes de la dilatada historia de España. Monarcas que mantuvieron a raya a las grandes potencias de la época como ingleses, franceses o turcos. El poder de los monarcas españoles era tal que Carlos I, al ver la degradación reinante en Roma, mandó a sus huestes saquear la ciudad eterna para escarmentar al Papa y la curia allí congregada. La monarquía Habsburgo española era el adalid de la cristiandad en el mundo.

Si hay un símbolo que exprese el poder de la monarquía Habsburgo, la magnitud del imperio donde nunca se ponía el sol, la profundidad religiosa de sus políticas, los éxitos y en definitiva la grandeza de toda ésta época ése es el Monasterio de El Escorial. Una obra arquitectónica de dimensiones titánicas que engloba un Palacio Real, una Basílica, un Panteón Real, una Biblioteca y un Monasterio. El Escorial expresa la grandeza y la sobriedad de la monarquía que dominaba el mundo conocido durante todo el siglo XVI y parte del XVII.

El pasado 23 de abril se cumplían 451 años desde que se empezase a construir esta magnífica obra por orden de Felipe II. En 1558 moría en su retiro en Yuste Carlos I, éste cambió a última hora sus deseos de ser enterrado en Granada para que Felipe II, su hijo, escogiera un lugar dónde crear un edificio ex novo para su descanso eterno. Felipe designó una comisión multidisciplinar para buscar el lugar más idóneo en la Sierra de Guadarrama, centro geográfico peninsular, para llevar a cabo esta obra. En 1561 el Rey Prudente traslada la capital desde Toledo a la villa de Madrid.

Considerada desde su construcción como la octava maravilla del mundo debido al tamaño, la complejidad funcional del edificio y al enorme valor simbólico que representaba. Durante su construcción fueron muchos los arquitectos que estuvieron al frente de la obra, siendo encargado en un principio a Juan Bautista de Toledo, aunque aquel que le daría el sello de identidad del monasterio fue Juan de Herrera que en 1572 asumió la reorganización del proyecto, creando un estilo arquitectónico propio, el estilo herreriano.

La inspiración del edificio tiene profundas raíces en la Biblia, Felipe II era un rey muy piadoso y un enamorado del Antiguo testamento, de ahí que se tomasen las descripciones del historiador judeo-romano Flavio-Josefo del palacio del Rey Salomón. Debido a las funciones que el monarca quería para el edificio hubo que duplicar las dimensiones del proyecto inicial. La fijación por los símbolos bíblicos no quedan aquí, las estatuas de los Reyes David y Salomón que flanquean la entrada a la Basílica recuerdan el paralelismo entre el guerrero Carlos I (Rey David) y el prudente Felipe II (Rey Salomón). La fijación del Rey por Salomón no queda aquí, en las bóvedas de la Biblioteca manda a pintar unos frescos que representan la sabiduría y la prudencia en el buen gobierno, escenificando dos de los hechos más significativos de la vida del Rey de Israel como la discusión con la Reina de Saba y la decisión del Rey ante las dos madres que peleaban por el hijo (en este fresco Felipe II sale representado como Rey Salomón).

El edificio a parte de contener palacio, basílica, monasterio, etc. es un auténtico museo, con todo tipo de pinturas, esculturas, tapices y obras de arte de incalculable valor que lo hacen único. El 2 de Noviembre de 1984 la UNESCO inscribió el monasterio en la lista del patrimonio de la Humanidad.

 

Imagen | fotosoimagenes.com

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