LO ÚLTIMO »

El gran amor del Rey Prudente

La fama de mujeriegos de muchos reyes a lo largo de la historia de España es bien conocida, como lo son también sus hijos bastardos, algunos más sobresalientes que otros. Por ejemplo, Don Juan de Austria, hijo ilegítimo de Carlos I de España, un excelente militar con logros destacadísimos como la victoria sobre los turcos en Lepanto o su gobierno en Flandes, otro ejemplo más reciente y no tan brillante como el Habsburgo es Don Leandro de Borbón, hijo bastardo de Alfonso XIII. Claro está, con todos los respetos a Don Leandro, no es lo mismo heredar los genes del Emperador Carlos que los del Rey Alfonso.

Hay que decir que no todos los Reyes que ha tenido nuestro país a lo largo de su historia han sido mujeriegos, infieles a sus esposas o han tenido hijos ilegítimos. Uno de estos monarcas que respetaron su matrimonio y a sus esposas fue uno de los más brillantes y comprometidos monarcas de España. Felipe II, el monarca más poderoso de toda la cristiandad en el siglo XVI, fue fiel a cada una de las esposas con las que se casó, nunca tuvo relaciones extramatrimoniales y jamás se le ha conocido bastardo alguno. El hijo del emperador siempre fue una persona seria, fría y bastante distante, en general como todos los hijos que tuvieron Carlos de Habsburgo y la emperatriz Isabel de Portugal.

Felipe IIEl Rey Prudente, como se le conocía, se casó cuatro veces, y siempre lo hizo al enviudar (no como aquel monarca inglés aficionado a coleccionar y matar esposas, menos a la primera a las seis restantes las mató a todas). Don Felipe era una persona a la cual le gustaba estar solo, un embajador veneciano de la corte llegó a decir que estar solo era su mayor placer. El rey nunca sintió un gran deseo por el sexo contrario (ni por el mismo, que todo hay que decirlo hoy), ni por su compañía ni por sus encantos sexuales, y cuando tuvo esos deseos siempre estrictamente controlados, como el resto de sus emociones.

Con sus dos primeras esposas, María de Portugal y María Tudor, tuvo unos matrimonios fríos y distantes. De la primera tuvo un hijo el infante Don Carlos quien en su juventud empezó a desarrollar desequilibrios mentales heredados de sus antepasados como su bisabuela la reina Juana, apodada la Loca. María moriría al dar a luz a su hijo. De los cuatro años que estuvo casado con la reina inglesa sólo estuvo a su lado quince meses, sintiéndose ésta con toda razón muy abandonada. Distintos fueron sus otros dos matrimonios restantes con Isabel de Valois y con su sobrina Ana de Austria. Aunque sería con Ana con la que disfrutaría de una mayor vida familiar fue con Isabel con la que de verdad llegó a sentir un gran amor.

Isabel de ValoisIsabel llegó a España en 1560 siendo aún una niña, al año siguiente alcanzó la pubertad y con la edad de quince años empezó acostarse con su marido (casi veinte años mayor que ella). Los primeros años del matrimonio fueron más difíciles ya que Felipe seguía siendo muy distante, poco después de tener una audiencia con su suegra (Catalina de Médici, reina regente de Francia) todo cambió. En 1563 tras llegar el rey de su periplo por los reinos aragoneses se llevó a la Reina a Aranjuez y allí pasaron una segunda luna de miel, estaban tanto tiempo juntos que la reina apenas tenía tiempo para escribir a su familia, Isabel decía que la felicidad que la embargaba era debido a su amor por su Rey.

La reina siempre sufrió bastante a la hora de dar a luz, sólo nacieron dos niñas de los cinco embarazos que tuvo. Siempre que la reina caía gravemente enferma debido a los embarazos o a las purgas que le aplicaban los galenos de la corte, el Rey nunca se separaba de su cama, Felipe siempre estuvo al pie del lecho donde descansaba su mujer, estando muy pendiente de su recuperación. Para el Rey Prudente, las dos hijas que le dio Isabel de Valois fueron el mayor regalo de su vida. En su quinto embarazo la reina volvió a caer enferma, las complicaciones en el parto y las dificultades que siempre mostró Isabel a la hora de dar a luz hicieron que los médicos (con los remedios de la época, peores casi siempre que la enfermedad) le aplicasen enemas y torniquetes que precipitaron el aborto el día 3 de octubre, ese mismo día un poco más tarde fallecía la Reina.

InfantasEl Rey pasó todo el tiempo al lado de su mujer, de vigilia melancólica, cogiéndole la mano, tranquilizándola y alentándola en sus últimos momentos. Antes de morir oyeron misa juntos y estuvo presente cuando la prepararon para enterrarla, vistiéndola con el hábito franciscano, ya que falleció el día de San Francisco. Fue enterrada en el monasterio de San Jerónimo de Madrid donde permaneció el monarca dos semanas completas de retiro, negándose a ver papeles, ministros y embajadores. Sólo salió del monasterio de los Jerónimos el 21 de octubre y lo hizo para recluirse de nuevo, esta vez en el Escorial. Estuvo tan disgustado por la pérdida de su reina que se negó a oír hablar de matrimonio durante meses. Catalina, la madre de Isabel a través de su embajador en España hizo llegar una carta de condolencia, al leer el Rey la carta de su suegra se le saltaron las lágrimas. Estuvo de luto un año entero desde la muerte de su esposa y refiriéndose a sus dos hijas con Isabel, de dos y tres años dijo: “Son todo el consuelo que me ha quedado de haberme privado Nuestro Señor de la compañía de su madre”.

Felipe II describió a su esposa Isabel como irremplazable y en su lecho de muerte dio a su hija Isabel el anillo de boda de la Reina, su amada esposa, y le recomendó que nunca se separara de él.

 

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.


*