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El imperio donde nunca se ponía el sol

Hoy día vivimos en un ambiente separatista dentro de nuestro país. Algunas personas de ciertas regiones españolas están empeñadas en separarse de un territorio del que nunca han sido independientes. No vamos hablar del problema secesionista que sufre hoy día España sino de todo lo contrario. España ha tenido sino el más grande, uno de los tres imperios territoriales más extensos de la historia.

El inicio de este gran imperio podríamos decir que se da con Isabel y Fernando, los reyes que con su matrimonio consiguieron unificar los reinos más poderosos de la península, Castilla y Aragón, más tarde ganaron una guerra civil en la que afianzaron su poder en Castilla y conquistaron el último rescoldo morisco que quedaba en la península, el Reino de Granada. Fue Isabel de Trastámara la que dio la oportunidad a Cristóbal Colón para iniciar un viaje que le daría a Castilla y a España el mayor éxito de su historia, el descubrimiento y la conquista de un continente hasta entonces desconocido.

Pero no fueron los únicos movimientos importantes de los monarcas católicos. La política exterior de Isabel y Fernando fue excepcional y con vistas a un futuro que nadie habría imaginado: ser la primera potencia mundial durante un siglo y medio (1500 d.C. – 1640 d.C.) y estar entre las tres grandes potencias durante un siglo y medio más. El factor que sería el germen del extensísimo imperio territorial español fue la política matrimonial que los Reyes Católicos siguieron con sus hijos, a los cuales casaron con los herederos a las coronas más importantes del momento exceptuando la corona francesa. A Isabel con la corona de Portugal, a Juan y Juana con la casa Habsburgo, a María de nuevo con la Casa de Avís al fallecer su hermana Isabel, casada con el monarca luso, y por último a Catalina con la casa real Inglesa (los Tudor).

A partir de aquí una serie de circunstancias hacen que la corona de Castilla, tras la muerte de la reina Isabel en 1504 y de sus hijos Isabel y Juan, recaiga sobre la tercera heredera de los monarcas españoles: Juana. La nueva reina de Castilla, a la que apodaron más tarde con el sobrenombre de “la loca”, estaba casada con Felipe de Habsburgo, hijo de Maximiliano I Archiduque de Austria (emperador del Sacro Imperio) y de María de Borgoña. Debido a la enfermedad mental que padecía la reina (de ahí lo de Juana la Loca), la regencia del reino hasta la mayoría de edad de su hijo Carlos recaería sobre su marido, y al morir éste, sobre su padre, el cual seguía reinando en Aragón ya que no tenía potestad para hacerlo en solitario en Castilla. Al morir Fernando de Aragón en 1516, e imposibilitada la reina Juana para gobernar llega al trono su hijo Carlos, Carlos de Habsburgo tendría una herencia que conformaría el imperio español y con ello la grandeza y la supremacía hispánica en el mundo.

La herencia recibida de sus abuelos es la siguiente: de su abuelo paterno recibiría el archiducado de Austria y el Tirol además de ser elegido como Emperador del Sacro Imperio; de su abuela María de Borgoña los territorios que componían dicho ducado, la actual Bélgica, Holanda y Luxemburgo; de su abuelo materno, recibió la corona de Aragón con sus posesiones de las islas Baleares, Cerdeña y el reino de Nápoles y Sicilia; de su abuela Isabel el Reino de Castilla con la plaza de Ceuta y los territorios Americanos de Ultramar. A parte se adquirió el Reino de Navarra y el Milanesado. Carlos I de España y V de Alemania se casó con Isabel de Portugal con la cual tuvo a su hijo y heredero Felipe.

El reinado del “rey prudente”, Felipe II, fue al cual acuñaron la frase de el imperio donde nunca se ponía el sol. El emperador le dejó en herencia todas sus posesiones territoriales exceptuando el Archiducado de Austria y el cetro de Emperador del Sacro Imperio. Durante el Reinado de Carlos se sucedieron las conquistas en territorios americanos y con ellas la adquisición de incontables riquezas. Con Felipe II, como ya hemos dicho, fue cuando se ha dado la frase de el imperio donde nunca se ponía el sol debido a que con la conquista del archipiélago filipino siempre había un territorio de la corona española en el globo terráqueo que estaba iluminado por el sol. Por falta de sucesores en la corona Portuguesa el trono recaería en Felipe por vía materna, uniendo así los territorios de la corona portuguesa (Brasil y territorios en África y Asia) a España.

El imperio español siguió siendo de los mayores de la historia hasta principios del siglo XIX. Hay que recordar que durante el reinado de Carlos III de Borbón el control de los territorios americanos llegaban desde Tierra de Fuego, en la zona más austral de América, hasta las cercanías de Alaska: casi todo el continente. La autoridad de la Corona española en tierras americanas ha durado más de tres siglos. Por todo esto no debemos olvidarnos de que este País por mucho que antes lo atacasen desde fuera y ahora lo hagan desde dentro siempre será la nación más grande de la historia.

 


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