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En busca del Gran Héroe Americano

El deporte siempre necesita referentes. El fútbol tiene a Messi y a Cristiano Ronaldo, el tenis a Rafa Nadal, el baloncesto a Lebron James, el atletismo a Usain Bolt, el golf a Tiger Woods y la natación a Michael Phels.

Pues bien, el turf estadounidense anda, desde hace treinta y seis años, soñando con la aparición de un adalid que se está haciendo mucho de rogar. Y es que debemos remontarnos al año 1978 para toparnos con el inmortal Affirmed, último purasangre en conseguir la Triple Corona del país norteamericano.

Este meeting, compuesto por el Kentucky Derby (Grupo 1), el Preakness Stakes (Grupo 1) y el Belmont Stakes (Grupo 1), se lleva celebrando cada año y de manera conjunta desde 1875. En 138 ediciones únicamente 11 ejemplares, 11 leyendas de las carreras, han logrado la gesta de triple-coronarse.

Ellos fueron: Sir Barton (1919), Gallant Fox (1930), Omaha (1935), War Admiral (1937), Whirlaway (1941), Count Fleet (1943), Assault (1946), Citation (1948), Secretariat (1973), Seattle Slew (1977) y el ya mencionado Affirmed (1978).

El dato estadístico, anteriormente aludido, es aplastante y nada alentador. Tan pocos laureados en tantos años y casi cuatro décadas sin que ningún caballo logre cosechar éxito provoca que irrevocablemente surja el interrogante: ¿cuáles son los factores que hacen que ganar la Triple Corona de los Estados Unidos sea prácticamente una quimera?

Hace ya algún tiempo, después de una agradable mañana de carreras en el Gran Hipódromo de Andalucia-Javier Piñar Hafner, tuve la ocasión de compartir mesa y mantel con varios nombres propios de nuestro turf. En ese interesante corrillo, en el que no se habló de futbol precisamente, concurrían dos jockeys, una jocketa, un ex-gentleman, un preparador, y algún que otro propietario.

Llegada la sobremesa, entretenidísima y muy instructiva, alguien puso sobre el tapete el asunto que protagoniza este artículo. Tras un largo y sugestivo intercambio de impresiones la mayoría de los curtidos comensales se mostraron de acuerdo en que la Triple Corona Estadounidense se ha convertido en una verdadera utopía que probablemente nunca se volverá a conquistar. Unos lo achacaban a la actual y “acelerada” cría norteamericana que obtiene productos efímeros, muy veloces y potentes pero también frágiles y proclives a las lesiones. Algunos directamente ponían el foco en la enorme dificultad que supone ganar tres de las carreras más duras y competitivas del mundo, en distancias tan dispares, en tres estados diferentes y en tan sólo cinco semanas. Otros, como yo, se limitaban a abrir bien las orejas, que ante tanta lumbrera de esto del turf es lo más inteligente y provechoso que se puede hacer.

Pues bien, el pasado sábado California Chrome ganó el Kentucky Derby, primera pata de esta Triple Corona, convirtiéndose, no sólo en el aspirante de este año sino en la esperanza de todo el país.

El hijo de Lucky Pulpit, con Víctor Espinoza en la silla, se dio todo un paseo en el emblemático hipódromo de Churchill Downs. 164.906 espectadores fueron testigos de ello. El potro, tras un brillante golpe de cajones, se mantuvo durante gran parte de los 2.000 metros de carrera en puestos de acecho, dejando a Uncle Sigh y Chitu la responsabilidad de marcar el ritmo de la prueba. No tardaron mucho en ceder los dos punteros que se empezaron a desfondar al final de la última curva. Fue en ese instante cuando California Chrome, animado por su versado jinete, inició su ataque encontrando muy poca oposición entre sus dieciocho adversarios. Finalmente venció por más de cuerpo y medio sobre Commanding Curve que, con un meritorio remate, consiguió la plata seguido por Danza y Wicked Strong. Recorrido muy limpio y cómodo para el alazán que, sin apenas ser exigido por su jockey, dio la razón a su condición de favorito. Sobresaliente la monta del fusta mexicano manteniéndose muy bien situado en todo momento y sabiendo leer muy bien la carrera. Tenemos firme candidato.

Con esta histórica victoria, Art Sherman se convierte, a sus setenta y siete años, en el preparador más longevo en ganar el Derby. Sus propietarios, Steve Coburn y Perry Martin, se embolsaron con el triunfo de su pupilo más de un millón y medio de dólares. La dichosa pareja de socios acertó de pleno al rechazar, semanas antes de la prueba, una oferta de seis millones por el 51% de la propiedad de su potro. Coburn rehusó dicha propuesta con estas palabras: “No existe dinero que compre la gloria de ganar el Kentucky Derby”.

Curioso también el nombre con el que ambos amigos decidieron bautizar su cuadra: DAP (Dumbass Partners, algo así como “Idiotas Asociados”). Todo tiene su explicación. Ellos fueron quienes criaron a California Chrome y cuando acudieron a los establos donde compraron por 8.000 dólares a su modesta madre, Love The Chase, un mozo de cuadra que merodeaba por allí les dijo literalmente: “Sólo un idiota compraría esta yegua”. Hoy, esos idiotas son los dueños del mejor potro del país.

California Chrome llegará inminentemente a Baltimore. Allí, el próximo sábado día 17 del presente mes, galopará en el hipódromo de Pimlico para intentar hacerse con el Preakness Stakes y prolongar el sueño. Sin embargo lo más selecto de su generación intentará evitarlo, la competencia será mayúscula.

Luego, el 7 de junio, le espera Nueva York, hogar del Belmont Stakes. Todos deseamos que este tercer y último paso hacia la máxima consagración no haga honor a su sobrenombre ya que es conocido como “el Cementerio de los Campeones” debido al gran número de aspirantes que, tras ganar las dos primeras gemas de la anhelada Corona, han sucumbido en los durísimos y temibles 2.400 metros de Belmont Park.

Pronto descubriremos si California Chrome logra escribir su nombre con letras de oro en la historia del turf. Yo tengo una corazonada.

 

Imagen | courier-journal.com

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