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Entre la Dictadura y la Tiranía Romanas

La historia de Roma siempre ha estado caracterizada por la importancia de determinados personajes históricos que han ocupado las distintas instituciones romanas y que a través de ellas han conseguido gobernarla durante más de 1000 años. Habitualmente, ostentaban el poder el senador de Roma, los cónsules, emperadores, procónsules, reyes, etc. Pero también nos encontramos ciertas etapas de dictadura y de tiranía. A pesar de que hoy en día estos conceptos puedan parecer muy similares, en la antigua Roma eran muy diferentes. Tal era el grado de diferencia que el término de dictadura era visto como algo bueno y positivo durante muchos años; mientras que el término tirano era despreciado por la relación histórica que tenía con las antiguas polis griegas.  El término dictadura empieza a forjarse hacia el siglo VI-V y, resulta ser una fórmula de gobierno que estaba muy regulada. Tenían un plazo máximo, debían ser nombradas por el propio senado o a propuesta de alguna magistratura romana (cónsules, tribuno de la plebe…) y solo en determinadas situaciones de crisis. Por el contrario, nos encontramos el término de tiranía en la que el tirano tenía un poder ilimitado, se  mantenía a través de la fuerza y del terror y además se solía ensalzar la figura del tirano con determinadas obras públicas o mediante el inicio de campañas bélicas con el fin de someter y conquistar a pueblos vecinos.

El caso más claro de tiranía lo podemos encontrar en Tarquinio el Soberbio, último rey etrusco de Roma. Tarquinio asesinó a Servio Tulio (anterior rey) junto a la hija del mismo Servio. Se autoproclamó rey e inicio un régimen del terror sobre la ciudad de Roma dando muerte a todos aquellos que fueran en contra del nuevo reinado o de quien se sospechara que pudiera iniciar una oposición sobre Tarquinio. Finalmente, el pueblo de Roma se sublevó y derrocó al último rey y a su dinastía, imponiendo la República que tendrá como protagonistas al Senado y a dos cónsules que serían elegidos cada año. A partir de entonces, se controlará aquellas situaciones en las que por diversas causas se tenga que nombrar a un dictador, como fue el caso de Tito Larcio y de Papirio.

Sin embargo, a partir de la dictadura de Sila, la actitud del pueblo de Roma hacía las dictaduras comienzan a ser más negativas. Sila inicia un gobierno sin contar apenas con el senado y en el que el mismo se nombra dictador vitalicio rompiendo con lo que venía disponiéndose con los anteriores dictadores: lex Valeria de Sulla dictatore. Sila fue en gran parte un tirano. La dictadura de Julio César podría entenderse como la antesala de lo inevitable que es la caída de la República de Roma y el inicio del principado y más tarde del dominado. Julio César se autoproclamó dictador vitalicio. Fue asesinado por tirano, aunque muchos historiadores coinciden que César de facto fue prácticamente un imperator.

Finalmente en las dos últimas etapas romanas (Principado y Dominado) se podrá contemplar ciertas “dictaduras pretorianas” en las que la propia guardia pretoriana se encargaba de controlar a menudo al propio emperador como fue el caso de los gobiernos de Otón y  Alejandro Severo quienes fue elegido por la propia guardia (convirtiéndose así en meros títeres)  o el caso de Vitelio, Heliogábalo o Aureliano quienes fueron asesinados o apartados del gobierno por la guardia pretoriana.

A pesar de todo ello, los romanos siempre sintieron un especial recelo hacía las dictaduras, por temor a que ello desembocara en un gobierno tiránico. Es por ello que se llevaría una “persecución” por parte de senadores, poetas… hacía aquellas figuras  que tuvieran mucha popularidad por temor a que pudieran convertirse en tirano, como fue el caso de Publio Cornelio Escipión quien fue acusado innumerables veces por el senador Porcio Catón; y el caso de Julio César y Marco Antonio quienes fueron  acusados por el mismo Cicerón.

 

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