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ETA va ganando

Tras sentencias como la dictada hoy por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, la cual supone un golpe definitivo a la doctrina Parot, siempre aparecen los portavoces políticos de turno tratando de ser los primeros en pedir su acatamiento. Unos sonrientes, otros exultantes y algunos con cara de circunstancias, como el número tres del PSOE, partido que lleva impulsado, por no decir organizado, la resolución de Estrasburgo desde hace años.

Acatar las sentencias. ¿Todas? ¿Se diga lo que se diga en ellas? La Justicia no debería ser, al menos en teoría, algo dependiente de subjetividades. Pero, ¿es un acto de objetividad aceptar todas las resoluciones de los tribunales y las leyes emanadas del Parlamento propugnen éstas lo que propugnen? ¿Sean justas o no? Dijo Montesquieu que las leyes innecesarias debilitan a las necesarias. Es indudable que esta resolución es de total necesidad para según qué oscuros propósitos, no así para la Justicia –la de verdad, no su administración. Ya nos dijo Alfonso Guerra hace tiempo que Montesquieu había muerto. Y debe ser verdad.

También lo es que la doctrina Parot no deja de ser un parche ante la falta de un Código Penal que, al contrario que el nuestro, castigue realmente el delito y no patrocine la impunidad. Acatar, cumplir y hacer cumplir una resolución que hará que los peores criminales de las cárceles españolas puedan salir a la calle, que llevará a que algunos asesinos con decenas de muertos a sus espaldas no cumplan en prisión más que unos escasos meses por cada uno de sus crímenes, parece alejado de toda justicia, de todo sentido común y de cualquier cosa que pueda parecérseles. Flaco favor hacen los legisladores al ordenamiento jurídico al defender sentencias como ésta. El mismo que difundiendo la idea cada vez más extendida de que esto es un problema entre víctimas y asesinos.

Las Víctimas del terrorismo son nuestros únicos héroes contemporáneos, paradigma de dignidad y, al menos así debería ser, ejemplar punto de referencia común para una sociedad ávida de realidades convergentes. Son los más respetables y legítimos representantes de nuestra nación. Nosotros, como ciudadanos y compatriotas, además de sentirnos profundamente orgullosos y eternamente agradecidos, tenemos el deber moral de mantener viva su memoria, defender su dignidad y poner todos los medios a nuestro alcance para que prevalezca la Justicia. Es necesario comprender que no es una cuestión de solidaridad, ni siquiera de empatía, porque, como españoles, todos somos Víctimas del terrorismo.

Sin embargo, ya de poco valen las palabras y aún menos las que se escuchan desde según qué foros. ETA va ganando desde hace tiempo y cada vez con mayor ventaja. Los mismos que se han rendido ante ellos nos dicen que está derrotada, que no volverá a matar. Y eso quizá sea verdad. No lo necesita. Sin pegar un tiro gobierna decenas de ayuntamientos en el País Vasco y Navarra, la Diputación de Guipúzcoa, cuenta con diputados provinciales, regionales y nacionales… y ahora esto. El etarra que antes pasaba miedo, frío y hambre en un piso franco ahora pisa la misma moqueta que aquellos a los que sus compañeros un día quitaron la vida.

 

Imagen | Antonio Mingote – ABC

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