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Ex etarras

Ante la excarcelación de etarras, la presencia de miembros de la banda en ayuntamientos e instituciones y la creciente arrogancia en la izquierda radical vasca, el presidente del Partido Popular de Guipúzcoa declaraba recientemente que “lo importante es que ETA no mata”. Lo atribuía a la labor de la Guardia Civil, a la Ley de Partidos, a la colaboración internacional y al abandono del miedo por parte de la sociedad vasca que la llevó a un rechazo hacia los terroristas.

Borja Sémper, que es lo mismo que decir nadie al lado de Gregorio Ordóñez, María San Gil o Santiago Abascal, es agradable en las formas y de los pocos miembros de su partido que presumen de liberales. Curiosamente él lo hace allá donde es más difícil presumir de español, razón por la que votaban a sus predecesores los mismos que ahora que ETA está presuntamente derrotada se quedan en casa. Con una sonrisa en los labios equipara las acciones de la Guardia Civil a la actitud de la ciudadanía vasca, demostrando así que miente abiertamente para congratularse con quien nunca le votará o que desconoce la sociedad en la que vive.

“Lo importante es que ETA no mata”. Debe serlo, sobre todo, para vivir de la política de una forma más cómoda y tranquila. Quizá eso sea todo. La banda, que existe igual que el primer día, armada, con acceso a millones de euros a través de, por ejemplo, 116 alcaldías, no mata porque un día lo comunicó así. Y así lo aceptan algunos, como un acto de gracia, un favor, un gesto de condescendencia. ¡Y tendremos que agradecérselo a los encapuchados! Tampoco mataría y, sobre todo, no lo hubiese hecho nunca, si se sus pretensiones hubiesen sido aceptadas antes de que empezasen a asesinar. Lo que coloca en una situación cercana a la de inútil a todas las muertes anteriores, a la labor de todos los que hoy no pueden decir que “lo importante es que ETA no mata” sin analizar el porqué.

Entre aquéllos que rehúyen el análisis y presumen de la derrota de ETA, especialmente políticos y periodistas, se extiende cada vez con más fuerza el uso de “ex etarras” para referirse a quienes son únicamente ex presos. Eguiguren, Oyarzábal, Aizpiolea. PSOE, PP, PRISA. Valgan las redundancias. Ninguno de los criminales que se reunieron hace unos días en un matadero ha declarado su voluntad de abandonar la organización. Aunque así lo hiciesen, nunca podrían colocar el ex delante de lo que les ha definido en su vida y, sobre todo, de lo único que realmente son: asesinos.

Lo más probable es que la banda les abandone a ellos antes que ellos a la banda, especialmente tras ser Kubati el encargado de leer el manifiesto en Mondragón. José López Ruiz, nombre muy vasco al que responde este sujeto, es el terrorista que, en presencia de su hijo, ejecutó a Yoyes, la primera mujer que llegó a la dirección de ETA y que más tarde abandonó la banda asqueada de la violencia.

 

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