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Historia de un estadio

Heysel siempre será recordado por la tragedia de 39 personas que murieron en la Final de la Copa de Europa de 1985. Juventus y Liverpool forjaron allí una enemistad (casi) irreconciliable y a Bélgica se le prohibió organizar durante una década eventos deportivos. Tanto fue, que le cambiaron el nombre (de Heysel a Rey Balduino) y lo remodelaron para olvidar el pasado. Un pasado que es historia del deporte, porque en aquel terreno junto al Atomium que cedió Alberto I al Ayuntamiento de Bruselas, construyeron un estadio. Un estadio para celebrar la independencia de Bélgica y eventos deportivos de todo tipo. Aquí les cuento algunos.

El primero, aquel Campeonato Mundial de Ciclismo en Pista de 1930 que sirvió para inaugurarlo y que ganó el francés Lucien Michard. En aquellos años, al césped donde Bélgica jugaría tantas veces, lo rodeaba un velódromo que dejó paso a la pista de atletismo. Pista que fue testigo del Campeonato Europeo de Atletismo de 1950, donde Reino Unido y la URSS arrasaron en el medallero (17) y la holandesa Francina Blankers-Koen consiguió tres oros (100m, 200m y 80m vallas).

En la segunda mitad de siglo el protagonista fue el fútbol. En 1958, Heysel acogía su primera final de Copa de Europa. El todopoderoso Real Madrid de Di Stefano se enfrentaba al Milan de Schiaffino y vencía en la prórroga (3-2), consiguiendo así su tercera orejona consecutiva ante 67.000 espectadores. Este idilio del Real Madrid con Heysel continuaría en la década de los sesenta, pues nuevamente el equipo de Chamartín iba al coliseo belga para disputar la segunda final que Heysel acogería. Esta vez ante el Partizan de Belgrado, al que ganó 2-1, sumando así su sexto entorchado continental.

Y si para el Madrid, Heysel recuerda a gloria; para el Atlético, es sinónimo de decepción. Allí perdió la (primera) oportunidad de ser campeón de Europa. Era 1974 y en el último minuto de la prórroga, Schwarzenbeck  empató el partido y forzó un choque de desempate. Que también fue en Heysel dos días después y coronó al Bayer Munich como nuevo campeón.

Pero seguía habiendo sitio para otros deportes. En 1977 y por iniciativa de unos periodistas para honrar la memoria de un atleta belga, surgió el Memorial Ivo Van Damme, que aún goza de buena salud siendo parte de la prestigiosa Diamond League. Prueba de esa bonanza son los muchos récords atléticos que se han batido en él. El primero, marcado por Sebastian Coe en los mil metros en 1981 (3:47). Aún nadie lo ha superado. Como también está vigente la última plusmarca conseguida en la pista bruselense. En este caso, por el estadounidense Aries Merritt en los 100 metros vallas (12.80).

Podría seguir y (casi) no acabar: la Eurocopa de 1972, la Gordon Bennett Cup (globos aeroestáticos), etcétera. 84 años de vida dan para mucho y la del Estadio Centenario, Heysel o Balduino (como quieran) ha sido agitada. Ahora se limita a acoger a la selección belga, a organizar el meeting en honor a Van Damme y a ser hogar de multitudinarios conciertos. Por ejemplo, el de U2 en 2010 “sólo” reunió a 144.000 personas.

Si quieren visitarlo (se lo recomiendo), vayan al norte de Bruselas. Al distrito Heysel. Allí, al final de la avenida Marathon, encontrarán una fachada marrón. Dentro, hay un pedazo de la historia. De la historia del deporte. De la historia de un estadio.

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Imagen | forwallpaper.com

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