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La División Azul

Hace poco, el 10 de Octubre, se cumplieron setenta años de la vuelta a casa de la División 250 de la Wehrmacht. La División Azul volvía en otoño de 1943 a España después de haber luchado en el frente oriental contra el comunismo. Esta división recibió dicha denominación debido a la camisa que llevaban los voluntarios falangistas que se negaron a quitárselas por la reglamentaria del ejército alemán. Más de 18.000 hombres se presentaron voluntarios para seguir luchando contra el comunismo ahora en Europa. Entre esos voluntarios había de todo: idealistas que buscaban el fin del comunismo allí donde fuere, personas con sed de aventuras, soldados que después de haber terminado la Guerra Civil no entendían otra cosa que seguir guerreando y también personas alistadas para poder limpiar su nombre y el de su familia y protegerse así de la represión del nuevo régimen.

España durante la Segunda Guerra Mundial optó por tomar un papel no beligerante en la contienda. Francisco Franco, jefe del estado español, era consciente de las limitaciones económicas y militares de un país que acababa de salir de una guerra fratricida y que no podía plantearse entrar de lleno en un conflicto de tales magnitudes. Al mando del comandante Agustín Muñoz Grandes cruzaron Europa con una sola finalidad, combatir el comunismo que acechaba al viejo continente desde el este de Europa. 18.000 valientes que demostraron el famoso valor y gallardía española en batallas importantes como la de Krasny Bor, donde unos 5.900 españoles se enfrentaron a 44.000 soldados, 100 tanques y copiosa artillería del ejército Rojo.

El frente oriental de la Segunda Guerra Mundial tuvo tres objetivos para los alemanes divididos en tres ciudades: el político era Moscú, capital de la URRS, el económico era Stalingrado y sus reservas petrolíferas, y por último y de menos valor el ideológico, Leningrado. El alto mando alemán debido a la poca confianza que tenía en los soldados españoles hizo que los destinasen a Leningrado, entre otras cosas por su carácter indisciplinado. Pero pronto los divisionarios darían cuenta de su valor y arrojo.

Desde su llegada al frente del este en octubre de 1941, la división sufrió numerosas bajas en el sitio de Leningrado debidas tanto al combate como al frío. Hay que recordar que durante los inviernos vividos en la guerra fueron especialmente duros, con temperaturas de hasta -40ºC. a partir de 1942 llegaron desde España más efectivos para relevar a los combatientes heridos, siendo al final más de 46.000 los voluntarios españoles que pasaron por el frente ruso.

Las presiones que ejercieron los países aliados sobre Franco hicieron que en 1943 retirase a la División Azul de vuelta a España. Entre 1.500 y 3.000 divisionarios se negaron a volver a España y se quedaron para combatir al ejército rojo hasta el final de la Guerra.

La División Azul tuvo un total de casi 5.000 bajas. Muchos de estos caídos reposan en la ciudad rusa de Novgorod, y otros muchos, más de 800, siguen donde cayeron en la Batalla de Krasny Bor. Muchos de los lugareños de donde estuvieron los españoles guardan un buen recuerdo de ellos, y es que la División Azul no fue un grupo de fanáticos asesinos. Distintos gobiernos españoles, ya sean de izquierdas o derechas, han homenajeado tan insigne cuerpo de voluntarios.

 

Imagen | Ferrer Dalmau

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