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La expansión urbana en la América española

Plano de Lima

El proceso colonizador español tendrá su eje en lo urbano, algo que lo diferencia de Portugal, Holanda, Francia e Inglaterra; los procedimientos para la fundación de núcleos urbanos serán dos principalmente: mediante capitulación o a través de la petición de vecinos. Con todo, también se darán casos de fundaciones espontáneas.

Salvo raras excepciones, las nuevas fundaciones serán de carácter real, algo heredado desde la Edad Media. Para el caso americano, el Rey pactaba con un caudillo una capitulación, ya que una de las obligaciones contraídas por dicho caudillo era la de poblar al menos durante cinco años un territorio, para esto se aplicarán leyes ya vigentes en Castilla (Fuero Viejo de Castilla, las Siete Partidas, etc.).

En el continente americano, y como consecuencia directa del proceso conquistador, las primeras fundaciones serán de carácter espontáneo, con el tiempo la Corona intentó regularlo aprobando las Ordenanzas de Descubrimiento, Nuevo Poblamiento y Pacificación, también conocidas como las Ordenanzas del Bosque de Segovia (1573); hasta esta fecha, el monarca sólo daba instrucciones a cada caudillo en particular, unas instrucciones que no eran homogéneas.
En las fundaciones a través de capitulaciones, al capitán de la hueste se le asignaba jurisdicción civil y criminal, se le otorgaba capacidad de designación de autoridades, etc. En las fundaciones establecidas a través de petición de vecinos, éstos tenían que ser no menos de diez vecinos casados. Las de carácter espontáneo surgían sin acta de fundación ni reparto de solares de forma ordenada y legal, con el tiempo se adaptarían a la legislación vigente.

El proceso fundacional se inició en las Antillas, con Santo Domingo como primer centro urbano que ejerce de nexo entre España y América, no obstante el primer asentamiento será Isabela (en honor a la reina Isabel) que se fundó en noviembre de 1493 y que no pasó de mero centro provisional; en 1495 sufrió las consecuencias de un huracán tras un incendio que había arrasado casi todo el asentamiento. Ante esto se buscó un nuevo emplazamiento para la ciudad, y será Santo Domingo, establecido más al sur. Este será el primer asentamiento con un trazado regular hasta 1586, cuando es saqueado por el pirata Drake. Hasta entonces sería el punto de partida de multitud de expediciones de descubrimiento de las islas cercanas y de la Tierra Firme.

Ya en el continente, el primer núcleo será Santa María de la Antigua del Darién, también de vida efímera; no obstante, el territorio en el que estaba establecida era de gran valor estratégico, y se llevaron a cabo otras fundaciones como Panamá, Portobelo o Nombre de Dios.

En Centroamérica convergerán las rutas desde México (al norte) y desde el estrecho panameño (al sur), llevándose a cabo fundaciones de diferente importancia y valor, entre las que destacará Santiago de los Caballeros de Guatemala (hoy conocida como Antigua Guatemala), y que en periodo colonial era conocida como “la más bella de las ciudades de las Indias”.

En Nueva España (México), Hernán Cortés estableció la capital del virreinato en la antigua capital azteca, Tenochtitlán, desde la que partirán expediciones que también llevaron a cabo fundaciones de ciudades como Antequera de Oaxaca (1529) o Puebla de los Ángeles (1531). Hacia el norte, las fundaciones españolas estarán condicionadas por su carácter de centros mineros, por lo que su trazado será irregular debido al crecimiento rápido que sufrirán.

En el sur del continente, se llevarán a cabo importantes fundaciones en la costa caribeña como Santa Marta (1526), que será la primera ciudad que sufrirá un ataque pirata, o Cartagena de Indias (1533), fundada por Pedro de Heredia y que tendrá una gran importancia en el descubrimiento del territorio que actualmente es Colombia, entonces conocido como Nueva Granada.

En el caso peruano, Pizarro refundará Cuzco sobre la antigua ciudad inca en 1533 y, aunque ejercerá como principal ciudad de la región, esta categoría no le durará mucho pues en 1535 se funda Lima como sustituta de la capitalidad que hasta entonces había ostentado Cuzco. Ya hacia el interior del continente, el principal motor será Potosí, que será el gran centro minero sudamericano y que en 1561 adquirió el rango de ciudad, alrededor de Potosí y por toda esa región se fundarán otras ciudades como La Plata (1539) o La Paz (1549). Otro foco importante de expansión será la ciudad de Asunción del Paraguay, del que partieron numerosas expediciones hacia el interior del continente, exploraciones que llegaron hasta el Atlántico (como por ejemplo la primera fundación de Buenos Aires en 1536).

En Chile también se llevarán a cabo fundaciones urbanas españolas, consecuencia en un primer momento de las expediciones de Pedro de Valdivia que funda Santiago del Nuevo Extremo en 1540, no obstante, al sur del territorio chileno se encontraron con un clima inhóspito y con la belicosidad de los indios araucanos, iniciándose una guerra que abarcará todo el periodo colonial e irá más allá. Esta región estará, en consecuencia, muy poco urbanizada.

Durante el siglo XVII el proceso fundacional de núcleos urbanos se paraliza, pero en la centuria siguiente vive una revitalización que expandirá las fronteras territoriales españolas en América, caso del norte mexicano y sus numerosas fundaciones en lo que hoy es territorio estadounidense, o en el sur del continente, caso de Montevideo, por ejemplo.

El patrón, además, era distinto pues el proceso conquistador hacía tiempo que había concluido; lo que se buscó en el Setecientos era más bien poblar los espacios fronterizos e impulsar desarrollos regionales; para todo ello, además, se favoreció la emigración desde la Península.

Para cuando se produjeron las independencias, una de las herencias que dejaron los españoles fue la de un rosario de ciudades con una larga tradición histórica, unos núcleos urbanos que permanecen en pie hoy en día y que muchos de ellos aún ejercen la capitalidad otorgada en su día por los españoles. Éste es, probablemente, uno de los mejores legados españoles que han permanecido en esencia inalterables, y que el desarrollo histórico de los nuevos estados nacionales en la América Hispánica no hizo más que fortalecer.

 

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