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La fundación de la colonia de Maryland (EEUU)

Desde que el rey Enrique VIII de Inglaterra decidiera de forma unilateral romper con la Iglesia de Roma y establecer su propia iglesia nacional, los pocos que se mantuvieron fieles al Papa fueron acosados y perseguidos. Se dictaron normas y leyes que prohibían a los católicos ejercer determinadas profesiones, se les vetó el acceso a la política y se llevaron a cabo expropiaciones de tierras, tanto en Inglaterra como en Irlanda.

Esta política agresiva tuvo, en algunos territorios, un efecto contrario al esperado; así, en la Irlanda ocupada, permanecer fieles a la Iglesia y al Papa se convirtió en una forma más de resistencia frente al invasor. Con todo, en la propia Inglaterra la situación era más complicada, si cabe, que en Irlanda, pues si una persona se declaraba católica tenía por seguro que a partir de entonces sería tratada como un ciudadano de segunda categoría, como de hecho ocurría.

La fundación de lo que posteriormente sería el estado de Maryland tiene sus orígenes más remotos en la primera mitad del siglo XVII, cuando el rey inglés Carlos I concedió a Cecilius Calvert, II Lord Baltimore, una enorme extensión de tierra en Norteamérica; la intención del noble era convertir ese nuevo territorio en un refugio para los católicos ingleses, acosados y ninguneados (cuando no perseguidos) en su propia patria. El territorio concedido estaba a la suficiente distancia de las otras colonias inglesas como para que éstas no interfirieran en la consolidación y desarrollo del asentamiento, pero a la vez lo suficientemente cercana como para que pudieran acudir en su auxilio en caso de necesitarlo.

Como es bien conocido, a diferencia de España en las colonias inglesas se destinaba a aquellos que suponían un problema para la paz social. Mientras que los reyes españoles intentaron controlar de forma estricta la emigración a las Indias para que no pasaran aquellos que pudieran influenciar de forma negativa a los nativos americanos (algo que no siempre consiguieron), los reyes ingleses favorecían la emigración al Nuevo Mundo de aquellos que por sus creencias, su condición social, etc. no encajaban en el modelo de sociedad en el que creían.

Por ello, no sólo a los católicos se les favoreció el pase a Norteamérica, sino que también fueron cuáqueros y miembros de distintas iglesias protestantes los que emigraron, buscando un futuro mejor que el que su propia patria les ofrecía.

En 1625 ascendía al trono Carlos I (1625-1649), un rey que se mostró algo más benevolente con los católicos aflojando un poco la presión que estos sufrían. Aprovechando la coyuntura favorable, sir George Calvert (que había sido expulsado de Virginia precisamente por ser católico), pidió al rey una concesión de tierras en la franja oriental del Norteamérica. Cuando se estaba gestionando la Carta de Maryland murió, y ésta fue otorgada a su hijo Cecilius en 1632; apenas dos años después se envió el primer grupo de colonos.

La fundación de la colonia de Maryland se incluye dentro de la política de la Corona inglesa de establecer colonias de propietarios, por las cuales el establecimiento de colonos se hacía bajo la supervisión y control de un aristócrata próximo al rey. La idea de Lord Baltimore era la de crear una colonia con rasgos claramente feudalizantes, donde los propietarios de la tierra le pagasen un tributo periódicamente.

Virginia MarylandEn 1634 llegan al norte del río Potomac, en la bahía de Chesapeake, los navíos Ark y Dove con cerca de 200 pasajeros; aunque los dirigentes de la expedición eran católicos, la mayoría de los colonos era de religión protestante. Esta particularidad pronto causaría problemas a la joven colonia.

La nueva fundación se organizó políticamente en dos asambleas: por un lado estaba el Consejo, conformado por los amigos católicos de Lord Baltimore, y por otro la Cámara Baja, que al ser electiva tenía una mayoría protestante. Este sistema bicameral, con su marcado carácter religioso, provocó fricción entre los miembros de ambas confesiones y, tras un periodo de negociaciones, se aprueba el Acta de Tolerancia de Maryland en 1649, que permitía la libertad religiosa pero sólo para los cristianos trinitarios (quedaban excluidos, por tanto, los cristianos unitarios, los deístas, judíos y agnósticos).

A pesar de la buena voluntad que emanaba del Acta de Tolerancia, las diferencias religiosas eran una constante fuente de conflictos, hasta el punto que en 1654 estalla el primer enfrentamiento armado entre ambos grupos. Esta “guerra civil” era en realidad una lucha de clases de los pequeños agricultores protestantes contra los magnates y terratenientes católicos. El enfrentamiento se saldó con la victoria de los luteranos derogándose el Acta de Tolerancia; a pesar de todo, Lord Baltimore no fue despojado de todos sus derechos, aunque éstos quedaron menguados.

Los principales inversores de Maryland tuvieron que costear su propio transporte y tenían orden de reclutar cada uno cinco “hombres con capacidad”, siendo premiados, si los conseguían, con 800 hectáreas cada uno. Si el inversor llevaba menos de cinco recibía 40 hectáreas más otras 40 por cada hombre que le acompañara. Los colonos casados recibieron 80 hectáreas más 40 por cada sirviente que viajara con ellos. Los niños menores de 16 años obtuvieron 25 hectáreas, las viudas con hijos 40 y las mujeres solteras 25.

El dominio sobre la tierra era absoluto, pero debían pagar un tributo anual a Lord Baltimore de 20 chelines por casa solariega y 12 peniques por cada 25 hectáreas, estando permitido el pago de dicho tributo tanto en moneda como en especie.

Para finales del siglo XVII, la sociedad colonial de Maryland estaba conformada por grandes propietarios de tierra, pequeños labradores y una gran masa de esclavos, pues su modo de producción había derivado en el sistema de plantaciones.

El cultivo de la tierra estaba orientado fundamentalmente al tabaco, al igual que en la cercana Virginia, y ya para 1639 producía cerca de 45 toneladas anuales que destinaba a la exportación a la metrópolis, lo que le hacía tener una gran dependencia con respecto a ella.

Por otro lado, entre los años 1660 y 1672 se fueron aprobando en Inglaterra las conocidas como Actas de Navegación, que pretendían una reestructuración de las colonias vinculándolas más estrechamente a la metrópolis. Algunas de las colonias que eran de propietarios pasaron a ser colonias reales, dependientes de Inglaterra para casi todo, pero Maryland consiguió mantenerse como colonia de propietario hasta la independencia, probablemente porque ya dependía en su mayor parte de las disposiciones y de la buena voluntad del parlamento inglés para poder seguir disfrutando de una autonomía política que, en el fondo, era más virtual que real.

 

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