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La heroica defensa de Cartagena de Indias (II)

Tras haber sufrido un bombardeo incesante por parte de los navíos y morteros ingleses, el castillo de San Luis de Bocachica apenas puede sostenerse en pie. La gallarda y suicida defensa del fuerte al frente de Carlos Desnaux, ha dejado a los españoles exhaustos. Sin más remedio las tropas españolas se retiran en lanchas hacia la ciudad para poder recuperar fuerzas y prepararse de nuevo para el combate. Blas de Lezo perdía cuatro de sus navíos, los que situó en la Bocachica de la bahía para defenderla del enemigo y apoyar a la fortaleza defendida por Desnaux.

Pero no sólo se registran pérdidas en las filas españolas. Los ingleses no imaginaban al llegar a Cartagena lo caro que les iba a costar el sitio. Los cañones de los cuatro navíos de línea de Lezo y los del Castillo de San Luis de Bocachica hicieron bien su trabajo frente a los buques que los hostigaban, causando graves daños en varios de ellos. En cuanto a la tropa invasora, pronto empezó a causar efecto la estrategia del marino español intentando alargar el conflicto lo máximo posible. El gran ejército que pretendía conquistar Cartagena necesitaba un avituallamiento correspondiente a su número, por lo que los recursos almacenados en los navíos ingleses, fundamentales para la subsistencia como el agua potable, pronto empezarían a escasear. Con esto, entre la infantería al mando del general Wentworth ya en tierra, no tardaron en extenderse los casos de disentería, escorbuto y fiebre amarilla, que menguaron de forma importante la fuerza y la moral británica. A esto hay que sumar la guerra de guerrillas que los españoles, conocedores del manglar, hacían sobre sus enemigos mientras sitiaban el castillo de San Luis.

Defensa de Cartagena de IndiasRetirándose la tropa, en la cual iban los grandes protagonistas de la defensa, Blas de Lezo realizaría una maniobra que lo enfrentaría al Virrey. Barrenó los dos navíos de línea que aún quedaban en manos españolas (el conquistador y el dragón) junto con algunos mercantes en la entrada de la bahía interior, para impedir así el paso de los buques ingleses para que no pudiesen bombardear la ciudad. No hay duda de que fue una maniobra arriesgada pero necesaria, lo malo vino cuando a la llegada a este punto del enemigo, uno de los navíos barrenados no se había hundido del todo, por lo que los ingleses pudieron retirarlo y entrar al puerto de la ciudad.

Una vez replegados los españoles en el Castillo de San Felipe de Barajas, los generales enemigos Vernon y Wentworth planteaban como lanzar el ataque definitivo que asestase el golpe a las pocas fuerzas españolas que quedaban y hacerse con la ciudad. Para ello planearon tres posibles ataques:

1. Por el oeste, bombardeando la ciudad desde el mar, entre los baluartes de Santo Domingo, San Ignacio y Santa Catalina.

2. Por el sur, llegando por la playa de la Bocagrande desde el Castillo de Santa Cruz en Tierra Bomba.

3. Por el este, por las islas del Manzanillo y Manga y conquistar el cerro de la popa y el Castillo de San Felipe de Barajas.

De estas tres opciones escogieron la última, por ser la más rápida y la menos arriesgada, ya que el mando británico tenía noticias del mal estado en el que se encontraba el fuerte y el peor estado de su artillería. El 12 de abril, se comienza a bombardear duramente la plaza y el ejército del general Cathcart desembarca con 9000 hombres que ocuparían las islas del Manzanillo y la Manga. Éstos consiguen conquistar el cerro de la popa y su fuerte, donde enarbolan la bandera de Inglaterra. El fin está cerca, viendo Vernon ondear al viento la bandera inglesa bajo cielo español da por casi hecha la victoria. Con esta suposición manda a Inglaterra un paquebote con sendos pliegos en los que especifica la victoria anticipándose a los acontecimientos. La soberbia anglosajona hizo que al llegar tales noticias a la metrópoli londinense se acuñasen unas monedas conmemorativas sobre la victoria inglesa, una victoria que jamás llegaría a producirse.

Moneda Vernon

“El orgullo de España humillado por el almirante Vernon”

El 20 de abril los 500 hombres apostados en el castillo de San Felipe al mando del ingeniero militar Carlos Desnaux recibieron un pequeño refuerzo comandado por el gobernador Melchor de Navarrete. Este mismo día los ingleses lanzaron un ataque con 3.500 efectivos, entre ellos 6 compañías de granaderos, ante tal ataque los no más de 700 españoles que defendían el castillo en un acto nuevamente suicida y con un inconmensurable valor salieron a bayoneta calada para hacer frente a su enemigo. Aun existiendo una gran diferencia entre las fuerzas de cada contendiente, los españoles apenas tuvieron heridos entre sus hombres contra los numerosos caídos y heridos de los 3.500 británicos. Tal estupor pudo causar la ferocidad con la que atacaron los españoles que impactó a los ingleses de tal forma que apenas pudieron reaccionar.

El 30 del mismo mes, los ingleses desisten de seguir atacando, se produce un intercambio de prisioneros, los días siguientes a esto navíos británicos reducen a escombros los fuertes que se encuentran a su paso mientras salen de la bahía. Del 8 al 20 de mayo el contingente comandado por Edward Vernon se retira a Jamaica vencido, derrotado y humillado por la heroica defensa que consiguieron los españoles.

Es sabido de la gallardía del soldado español, que en tantas ocasiones ha salido victorioso en situaciones imposibles. Esta historia no es sino una de las páginas más gloriosas del pueblo español, ya que como dicen muchos autores:

“El carácter del guerrero hispánico le obliga a crecerse cuando todo está perdido, batiéndose con uñas y dientes para perder cualquier cosa menos el honor”.

 

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