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La maldición y la suerte

Cuando Bela Guttman pidión un aumento de sueldo tras llevar al Benfica a conquistar dos copas de Europa y el club se negó, el entrenador húngaro se marchó lanzando una maldición sobre el club: “Sin mí, el Benfica no ganará un título europeo en 100 años”. Ocho finales europeas perdidas después, parece que el vaticinio iba en serio.

El partido de anoche, visto con la perspectiva que dan unas pocas horas y la historia del Benfica, fue un nuevo capítulo en el cruel bagaje continental del club lisboeta. Seguramente desde antes de empezar, teniendo en cuenta el rival y su trayectoria en la Europa League. Pocos equipos ejemplifican mejor que el Sevilla eso de que las finales no se jueguan, se ganan. La de anoche no fue sólo su tercera final de la UEFA, fue también la enésima en la edición de este año, repleta de remontadas y, de existir ésta, golpes de suerte.

Anoche se enfrentaron en Turín un equipo que no conocía –ni ha conocido– la derrota en la Europa League 2014, el Benfica, y otro que alcanzó la final a duras penas, el Sevilla. Con una combinación así, el resultado no podía ser otro. Si quiera el guión podía ser diferente. Aquello del hambre y las ganas de comer.

 

Imagen | Stefano Rellandini-Reuters

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