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La mitificación del conquistador: Hernán Cortés (II)

En el capítulo anterior describíamos un poco por encima como se mitifica la figura del conquistador y todo lo que significó el hecho de la conquista del Continente americano. En este segundo capítulo continuaremos nos centraremos en la mitificación de uno de los protagonistas de esta parte de la historia de la conquista, Hernán Cortés.

Hernán Cortés nació en 1485 en la localidad pacense de Medellín y fallece con 62 años en Castilleja de la Cuesta (Sevilla). En 1504 parte hacia el Nuevo Mundo instalándose en la isla de La Española (Rep. Dominicana y Haití), en 1518 el gobernador de dicha isla, Diego Velázquez, le confía el mando de la tercera expedición de las costas de la península mexicana de Yucatán. Cortés logra reclutar a 600 hombres con los que partirá en 1519 antes de que Velázquez lo cesase del cargo.

La ficcionalización del personaje como dijimos comienza que se basaba en dos ejes, la transformación de la rebelión en servicio (hizo caso omiso a las órdenes que el gobernador Diego Velázquez y se rebeló contra él y se fue con la expedición por su cuenta) y la transformación del rebelde en modelo. Y estos dos ejes se desarrollan en las cartas que el conquistador envía al Rey Carlos I.

Cortés es el principal icono de la conquista del continente americano ¿Cómo llega a ello? Con la aparición del conquistador aparece un nuevo discurso histórico que muestra una nueva forma de ver y representar el pasado, estos son los informes de méritos militares que ya contamos en el capítulo anterior. Dichos informes tenían un doble sentido, además de informar a la corona de sus logros y hazañas, los autores las engrandecían su papel describiéndolo como decisivo e infravalorando el del resto de su hueste. Como ya dijimos estas cartas se escribieron por millares y muy pocas tuvieron el éxito de haber podido llegar a manos del monarca, la mitificación del metelinense entre otras cosas viene por este motivo y por la publicación de dichas cartas. Hubo también otros autores, como López de Gómara, Ginés de Sepúlveda y Cervantes de Salazar, que ensalzaron aún más la visión del conquistador español.

Estos cronistas dan un carácter providencial a los descubrimientos y conquistas que se realizan, los españoles ha sido escogidos por un plan divido para estos hechos y, a parte, el conquistador es el agente principal escogido por Dios. Cortés se erige como el ejemplo más reseñable de este providencialismo del conquistador español por varios motivos, la magnitud del imperio azteca y la importancia de la zona central de México para el imperio español, y la publicación y amplia difusión de las cartas del conquistador al Rey, en las que se sostenía sin ambages que Dios había intercedido por la corona española para la conquista del imperio mexica.

Hay otros personajes de la época como Bernal Díaz del Castillo (miembro de la hueste cortesiana conquistadora Tenochtitlán y máximo detractor de las cartas de relación de Hernán Cortés) y Fray Bartolomé de Las Casas que opinan que hay dos formas de narrar la conquista, como testigo presencial de una acción en la que se puede o no haber participado y otra como recopilador de los relatos que han hecho los protagonistas de unos hechos en los cuales el cronista no ha visto ni participado de forma directa. Para Díaz del Castillo Y Las Casas la segunda es inaceptable, y la polémica entre el primero y López de Gómara se centrará en este motivo.

Unos grades defensores de Cortés son los franciscanos, primeros religiosos en llegar a Mesoamérica, los cuales rivalizaban con los dominicos, orden a la que pertenecía Fray Bartolomé de Las Casas gran crítico del pacense.

Como señala Beatriz Pastor, Hernán Cortés va creando de sí mismo una imagen de héroe convergiendo la percepción medieval del vasallo con la renacentista del perfecto gobernante. Llaman la atención elementos literarios que se repiten mucho en las cartas de relación de Cortés como la fuerte presencia del “yo” y la utilización de modelos histórico-literarios propios de la tradición europea al presentarse como personaje de su obra.

Hay que distinguir tres líneas básicas de confluencia:

Ideal político-militar de la época, llevado hasta sus últimas consecuencias en un texto contemporáneo a las Cartas como es El Príncipe de Maquiavelo. Si bien Cortés no pudo leer la obra de Maquiavelo, ya que esta se publicó en 1533, el texto del canciller italiano es un verdadero manual sobre la conquista de nuevos territorios y el asentamiento del poder, y sobre estos admite numerosas confrontaciones con el comportamiento del conquistador tanto en la marcha sobre México-Tenochtitlán, como en la posterior conformación de su gobierno de la Nueva España.

El segundo modelo es el mundo clásico, el conquistador decide hacerse historiador de sí mismo, como Los Comentarios a la Guerra de las Galias de Julio César. Con César fue con quien más compararon a Cortés los poetas y cronistas de los siglos posteriores. Se conoce del conquistador el interés por la historia romana. Hay una evidente afinidad temática y estilística entre su obra y Los Comentarios a la Guerra de las Galias, señaladas en su momento por Menéndez Pelayo o Zamora Vicente.

>El tercer modelo situado en el contexto específico de la cultura castellana, es el de la gran gesta nacional de la Reconquista y, con ella, la figura central del Cid, el vasallo ejemplar que dedica su vida a ganar nuevas tierras para su rey. Las cualidades morales, políticas y militares del héroe castellano, unido a la inquebrantable lealtad hacia su rey, fueron sin duda un referente para Cortés.

La atribución del mérito de la conquista de México es ya una polémica en el S.XVI. La historiografía que ensalza al gran hombre, el héroe, olvida que el principal motor del renacimiento fue el sentido de la gloria personal. Siempre se reclamaría el papel jugado por el grupo en la conquista, del cual cada uno tendría su porción de mérito sin olvidar desde luego el papel más relevante del jefe del grupo. La obra de Bernal Díaz del Castillo es quizás la que más reclama ese papel jugado por el grupo, por la hueste, por los otros participantes de la conquista. Díaz del Castillo no niega el héroe, sostiene el carácter heroico de todo el grupo, de toda la hueste, aunque solo de la primera, la que llevó a cabo la penetración hasta México, y no de los soldados que se incorporaron después con Narváez.

Por lo tanto podemos ver como por unos u otros motivos tanto la figura de Hernán Cortés como la de otros personajes de la conquista de América se han mitificado mucho a lo largo del tiempo, aunque en mi humilde opinión y sabiendo que toda gran hazaña conlleva una gran carga de mito, hay que reconocer que estas empresas formadas por huestes de apenas unos centenares de hombres, lograron descubrir y conquistar los grandes imperios y civilizaciones americanas como los Aztecas o los Incas, imperios de una gran extensión y con numerosísimos ejércitos. Es verdad que numerosos indios se alzaron contra sus enemigos y que se hicieron aliados de los españoles, que sus armas eran superiores y que las enfermedades traídas del viejo continente mermaron las fuerzas nativas, pero es innegable la valentía, la gallardía y la inteligencia de estos hombres y sobre todo del jefe de la hueste para saber manejar la situación, hicieron que centenares de hombres se hiciesen con el poder y el control de imperios de cientos de miles de personas.

 

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