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La montería española

'La tela real' | Diego de Velázquez

El ejercicio de la caza de monte es el más conveniente y necesario para los reyes y príncipes que otro alguno. La caza es una imagen de la guerra, hay en ella estratagemas, astucias, insidias, para vencer al enemigo; padécense en ella, fríos grandísimos y calores intolerables; menoscábase el ocio y el sueño, corrobórase las fuerzas, agítanse los miembros del que la usa y, en resolución, es ejercicio que se puede hacer sin prejuicio de nadie y con gusto de muchos.

En estas palabras, don Miguel de Cervantes Saavedra recogen a la perfección lo que es la Montería. Sólo las personas que estamos enamorados de este tipo de caza podemos comprender lo que el escritor más insigne de la historia de nuestro país quiere reflejar aquí. Las estrategias y argucias a tomar, las condiciones extremas a pasar, todo para poder dar con esa res soñada. El frío, el calor o la lluvia no importan cuando se estremece tu cuerpo al oír crujir la jara, temblar el suelo o escuchar la ladra de un perro que rompe el silencio del monte. La Montería es la más ancestral de las modalidades de caza que se practican en España.

MonteriaPara empezar, y para aquellos que no están sobrados en conocimientos sobre este arte, hay que decir que la montería es una modalidad de caza en batida, englobada dentro de la caza mayor y que únicamente se da en España y algunas zonas de Portugal. Consiste en situar un número indeterminado de cazadores en los puestos o puertas (lugares fijos) integrados en líneas imaginarias situadas en el monte, estas líneas son denominadas “armadas”. Los animales o “reses” a batir por los monteros son acosados por jaurías de perros llamadas “rehalas”, cuya función es la de olfatear y localizar dichas reses y acosarlas hacia las armadas donde aguardan los monteros en sus puestos. Las presas que se cazan en la actualidad en esta modalidad son venados, jabalíes, gamos y muflones. Siglos atrás cuando la abundancia de la fauna de nuestros bosques era mayor, el número de especies cinegéticas era más nutrida, habiendo lobos, corzos e incluso osos.

La montería en España data de mucho tiempo atrás, siendo una seña de identidad de la nación. Las primeras noticias que se tienen sobre este tipo de caza en España es del siglo XII, cuando Sancho VI de Navarra manda a redactar el Códice de la montería. Esta caza siempre fue practicada por los Reyes y la nobleza española, siendo muy practicada y como entrenamiento para la guerra en tiempos de paz.

Hasta la aparición de las armas de fuego, las armas usadas en la montería eran las ballestas, arcos, espadas, dagas y picas, utilizándose éstas últimas para lancear a especies peligrosas como jabalíes y osos desde el caballo. Con la aparición, en época moderna, de armas de fuego como el arcabuz o el mosquete  el resto de armas fueron cayendo en desuso y la práctica de la montería paso de ser una actividad preparatoria para la guerra a una actividad deportiva, hasta llegar a lo que hoy día conocemos.

'La caceria del Tabladillo' | Juan Bautista Martínez del Mazo

‘La caceria del Tabladillo’ | Juan Bautista Martínez del Mazo

En la historia de España muchos reyes aficionados a la caza han ido elaborando decretos y leyes para poder legislar la práctica de la Caza en sus Reinos, como Alfonso X o los Reyes Católicos. Pero es durante la época de los Austrias cuando se crea una mayor legislación para la caza (entre ellas la montería) y protección de la naturaleza. Felipe III encargó la organización real de la Montería, y en dicha organización se crearon distintos cargos para el mejor funcionamiento de la misma:

Montero mayor: Ejercía la jefatura de la caza en Montería. Durante Felipe III este puesto quedó desierto, aunque fue ejercido por el caballerizo mayor, el Duque de Lerma.

Sotamontero: Debía reunir al personal de la montería con sus sabuesos y lebreles y en el lugar y tiempo que ordenaba el Montero Mayor. Se encargaba también de supervisar que cada montero tuviese los animales (perros) que debía mantener.

Capellán: Al contrario que con la Volatería, la Montería no tenía un capellán que diese asistencia religiosa a sus miembros.

Alguacil de Telas: A su cargo estaban las telas y demás accesorios.

Monteros de Traílla: estaban obligados a tener una serie de sabuesos para cuyo sustento recibían una ración. Debían tenerlos bien tratados bajo pena si llegaran a morirse o perderse.

Monteros de Lebreles: Debían tener a cargo varios perros en las mismas condiciones que los de traílla. Tenían que acudir a todas las cacerías que se les ordenase, ya que debían mantener a los lebreles que corriesen los venados.

Monteros de Ventores: Eran los más numerosos, ya que llevaban el peso de toda la cacería, tenían como perros a sabuesos, cada mozo tenía que tener cuatro, y debían estar bien tratados y mantenidos.

Criadores de Perros: Tenían la obligación de criar los perros que fuesen menester para el servicio de la montería: Sabuesos de suelta (ventores), lebreles, “perrillos raposeros” y de agarre. Los lebreles (podencos y galgos) eran aquellos perros que, una vez los ventores daban con la pieza, se encargaban de perseguir al animal por el monte debido a su agilidad y rapidez. Una vez los lebreles acorralaban a la res los perros de agarre (mastines y alanos) debido a su fuerza y corpulencia la doblegaban para que el cazador pudiera rematarla.

Nombramientos, Salarios y Mercedes de la  caza en montería estaban refrendados por el secretario de la caza y la Junta de Obras y Bosques, señalados por el jefe de la sección, el Caballerizo Mayor.

La afición por la caza, y en especial por la montería, por parte de los reyes llegó a ser en algunos casos desmedida. Es sabido que Felipe III y Felipe IV eran grandes aficionados a la caza, hasta el punto que delegaron sus tareas de gobierno a sendos Valídos (Duque de Lerma con el primero y el Conde-Duque de olivares con el segundo) para poder dedicarse a ella y al resto de sus aficiones. Son conocidos los cuadros de Velázquez en los que se retrata a Felipe IV y a su familia practicando el arte de la caza. Del rey Planeta (como se conocía a Felipe IV) decía Juan Mateos, su ballestero principal, que “de tierna edad alanceaba los jabalíes con tanta destreza, que era admiración de los que lo veían, y de tal suerte le ha adelantado S.M., que ha mandado que, cuando los corre, no suelten perros que no los apiernen, sino buscas que lo sigan. Por esto, como sus antecesores gloriosos le hicieron monarca de tantos imperios, su destreza con la lanza y con la pólvora le hacen monarca de las poblaciones del viento y del pueblo de los bosques”.

Con la llegada de los borbones no decaería la afición por la caza y la montería, siendo practicada por todos los reyes y en especial por Carlos III, quien la practicaba todos los días del año, para evadirse así de las tremendas cargas de gobierno y no caer en depresión como le pasó a su padre el rey Felipe V.

Apenas ha cambiado esta práctica de caza desde los tiempos de los Austrias hasta hoy. La montería es la modalidad de caza mayor mas practicada en España. Es, junto con el ojeo de perdiz, el tipo de caza más característico de nuestro país, siendo incluso un reclamo para cazadores del resto de Europa. La riqueza cinegética española hace que la montería y la caza en general sea un motor económico fundamental en aquellas regiones donde se practica. Este tipo de caza realizada en consecuencia a la legislación vigente es fundamental para el equilibrio de la fauna y la flora de nuestros bosques, por lo que su conservación es indispensable.

IVL

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