LO ÚLTIMO »

La “Propuesta” de Guillén de Lampart de ayuda a Irlanda

La “Propuesta al Rey Felipe IV para la liberación de Irlanda” es un documento redactado entre 1639 y 1640, su autor, descendiente de irlandeses, sirvió al monarca español en los conocidos como Gansos Salvajes de los Tercios Españoles y, enviado a Nueva España como espía al servicio del Conde-Duque, fue finalmente ejecutado por la Inquisición al ser descubierto urdiendo una conspiración para hacerse con el control del virreinato. En él se exponen algunos motivos para que la Corona enviara ayuda a la isla, empezando por los religiosos:

Para no ver a sus hijos criados y enseñados en la ley herética, los padres de familias pagan los domingos un real en plata por cada uno de su casa para que oigan misa. Los entierros, casamientos y bautismos católicos se prohíben, los sacerdotes se destierran, los sacramentos de destruyen, y de todo consuelo religioso el irlandés se priva. Si no acuden a sus templos heréticos les persiguen con afrentas, luego les destierran y después los destruyen. Si es pobre le condenan al trabajo hasta que con su sangre se rescate.

También se exponen motivos económicos junto con las prohibiciones fruto de la legislación restrictiva aprobada por los ingleses en lo referente al comercio y explotación de los recursos de la isla que, dicho sea de paso, están claramente magnificados con intención de despertar el interés del Rey:

No se les guarda fuero ni ley alguna; las mercancías del reino han de pasar por mano de ingleses; las pesquerías son libres al holandés y otras naciones y a los mismos naturales se niegan; las minas de todo género, riquísimas, para el inglés solo se manejan y se benefician, sirviéndoles los católicos irlandeses de esclavos hasta morir en el trabajo. Y siendo el reino el más fértil y poderoso del mundo, lo pregonan pobre y estéril porque el codiciarle no ayude a desposeer los poseedores tiranos.

Alude igualmente al hecho de que los irlandeses no sólo jamás han mostrado hostilidad con los españoles, sino que en muchas ocasiones les han ayudado cuando éstos lo necesitaban, por lo que se trataría de una nación no sólo neutral sino amiga:

…y dado que no hubiera razón más convenible en la generosidad y piedad de VM que la lealtad y amor con que esta nación sirve y ha servido a esta corona católica, y con tal vigor, y con tales veras esto, que otro ningún príncipe se ha valido jamás de irlandeses contra banderas españolas, ni el mundo ha visto, ni las historias dirán jamás que han sacado la espada contra el nombre católico de VM.

Sin duda, el temor de que una ayuda directa a Irlanda significara entrar en una nueva guerra con Inglaterra podía suponer un freno de cara a aprobar dicha intervención, pero a esto se adelanta Lampart al exponer que

…siendo VM servido de amparar dicha causa puede, sin que las paces con el inglés padezcan transgresión, pues éste no obstante ellas sensiblemente socorren a Holanda, Francia y otros enemigos de VM, con equívocos pretextos, y lo mismo puede España, supuesto que no es menos política que Inglaterra.

Por último, antes de relacionar en qué consistía su propuesta de ayuda, termina su exposición aludiendo a la piedad del Rey, arguyendo el desamparo de los irlandeses si el monarca optara por no intervenir:

Y puesto (lo que nunca creerá aquel reino) que VM por algunas razones no se sirviere de admitir prontamente esta plática y su prosecución, proponen por vía de prevención a su piedad, que la opresión y riesgos espiritual y corporalmente padece, son de calidad y tales circunstancias, y conviene tanto no perder tiempo en la disposición posible de salir de ellos, que en este caso de no admitir VM el patrocinarlos con su sombra y fuerzas, la misma aflicción y su rigor les ha de causar incurrir una desproporción forzosa, como será mirar de qué otro amparo católico se han de valer, y ponerlo por efecto.

Es entonces cuando Lampart expone las condiciones de ayuda que estima necesitan los irlandeses, siendo dicha ayuda de carácter militar y económico. Obviamente, esta ayuda sería compensada con numerosas ventajas tanto para los españoles como para los irlandeses una vez que éstos consiguieran su ansiada independencia del poder inglés.

Como ayuda militar pide “cien bajeles de guerra bien pertrechados dentro de un año”, así como un envío de “ocho mil españoles con lo necesario para un año” para que ayudasen en la guerra por la independencia junto con “armas para cincuenta mil hombres, artillería, bala y pólvora cuanto pudiere, que en esta prevención estriba el ganarse o perderse el reino”. Por último, pide que el Rey socorra “al dicho reino con millón y medio cada año, mientras duran las guerras con el inglés”.

A estas peticiones siguen otras con un carácter absolutamente distinto, empezando por que “vencidos los ingleses, sean los irlandeses naturales en los reinos de VM y los españoles en Irlanda”, además de que “VM mande se den estados en España equivalentes a los que hoy gozan los señores de esta liga en caso contingente que el inglés salga victorioso, dándoles los mismos títulos.”

Además añade otras peticiones, como la restitución de las propiedades expropiadas por los ingleses a los irlandeses exiliados o la progresiva incorporación de las tierras y rentas en propiedad de los nobles anglo-irlandeses en caso de que faltasen herederos naturales y, una vez reincorporados, distribuirlos entre aquellos cuyas propiedades no puedan ser restituidas.

En cuanto a la organización de Irlanda una vez liberada de los ingleses, Lampart propone que se gobierne “por Consejo de Estado como República libre y sin dependencias de VM, como Venecia y otras, sin virrey ni persona alguna que tenga mando absoluto”. Por último, pide para los embajadores y representantes irlandeses una serie de preeminencias de tipo más bien protocolario, como la petición de que “VM honre al dicho consejo con título de altezas” o la de que “dispuestas las cosas se dé asiento al Embajador de Irlanda en la Capilla Real, y se le hagan los gastos a costa de VM mientras estuviere en España”.

Huelga decir que eran peticiones costosas, algo de lo que Lampart parece ser consciente ya que las contraprestaciones son igualmente elevadas. Lo primero es que, si la ayuda es finalmente enviada, al Rey “tendrá título de Protector de Irlanda ”; además, Eire se comprometía a ayudar militarmente a España cuando ésta lo requiriera, así como al derecho que adquiriría el monarca a solicitar hasta tres impuestos para emplearlos en lo que gustara . Se le concedería igualmente la posibilidad de introducir la Inquisición y las órdenes militares con derecho a renta a costa de la Iglesia Anglicana en el territorio irlandés, además se los irlandeses se comprometían a ayudar en el mantenimiento de la flota de Indias y a no entrar al servicio de cualquier nación que estuviera en guerra con España.

Por último, se ofrecía como dote dos islas si algún infante o infanta de España optara por casarse Irlanda, otorgándosele el título de príncipe de dichas islas más otros beneficios que se negociarían llegado el momento; un último punto lo dedica a exponer que, en caso de que alguna de las dos partes rompiese el acuerdo, la parte ofendida estaría en derecho de obligar por medio de las armas al cumplimiento del contrato.

A continuación hace una relación de las fuerzas con las que el Rey podría contar cuando llegara el momento de la rebelión. Este aporte humano vendría de la propia Irlanda estantes en la isla como fuera de ella que, llegado el momento acudirían a la llamada de la revuelta, además de efectivos provenientes de Escocia o de la propia Inglaterra; cuenta igualmente con los religiosos de la isla, de los que dice que serán los primeros en unirse a la rebelión . El total de las fuerzas disponibles para el Rey rondarían los 111.000, por lo que “sólo armas, navíos y munición de guerra es lo que falta, porque la gente abunda”.

La última parte del documento lo dedica a cómo se ejecutaría el plan para liberar Irlanda, que se reproduce a continuación por no tener desperdicio:

Que VM mande emplear luego una persona sagaz y entendida para Inglaterra, que pida licencia del inglés de levantar en Irlanda todos los voluntarios para poblar algunas partes en las Indias, alegando convenir a Inglaterra y a su razón de estado el desterrar los irlandeses de este modo, y será cierta dicha licencia. Y puesta en ejecución tendrán los dichos títulos las armas en las manos. Y VM, con color de enviar navíos a Irlanda para embarcar la gente que se levanta a su cuenta, puede meter en ellos mismos los socorros que se piden con el Conde de Tinn, cuya persona importa mucho a la facción por el nombre de su padre y miedo que le tiene el inglés. Y juntándose ambos poderes en Irlanda, se espera efectuar los intentos con una felicísima victoria. Y mientras con este ímpetu se vencen los enemigos, los naturales que están repartidos en otros reinos, y los socorros prometidos, vendrán puntuales.

El documento culmina diciendo que, en caso de necesitar de los hombres previstos para la rebelión, que se suspendiera al año siguiente la ejecución de la conspiración.

La propuesta de Lampart puede ser tildada (y probablemente con razón) de descabellada, y con casi toda probabilidad nunca llegó a manos del monarca, no obstante, constituye un documento de importancia en tanto que describe las razones que empujaron a los españoles a enviar ayuda a Irlanda que, como ya se ha dicho en otra ocasión, eran fundamentalmente geoestratégicos aunque también tuvieron peso propio los motivos religiosos, sin menospreciar los de índole sentimental surgidos en su mayor parte de los exiliados irlandeses que ejercieron una presión constante para el envío de la ansiada ayuda.

IVL

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.


*