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Larra y la verdadera libertad

Ellos tienen libertad, la única posible sobre la tierra, la que da la muerte“, dijo aquel joven Mariano José de Larra que se fue sin llegar a la treintena. Es triste que un gran genio como él no tenga hoy en día la suficiente connotación e influencia en nuestro calendario cultural y nuestra educación. Sus fervientes críticas a la sociedad española de entonces bien se podrían aplicar a la actual.

Con sus escritos costumbristas Larra no sólo alcanzó la fama, sino la inmortalidad. Fue uno de los mayores exponentes del Romanticismo español y, como muchos otros autores, combinaba sus actividades periodísticas y literarias –cultivaba diversos géneros literarios, destacando el teatro– con su interés por la política, el cual no ocultaba en cada uno de sus más de doscientos artículos. En ellos se comprometía con el sentido más moderno del término dotándoles de una nueva perspectiva moral y reformadora, siempre bajo el seudónimo de Fígaro.

Este defensor incansable de la libertad, con un acérrimo espíritu independiente, radiografiaba a la sociedad española de aquel momento con su pluma cargada de sátira e ironía, y lejos de querer ridiculizarla, pretendía situarla frente a un espejo con el fin de corregir y reformar sus comportamientos. Proponía el cambio social e individual frente a los principales males que amenazaban (y siguen amenazando varios siglos después) la patria: el inmovilismo, el fanatismo y la ignorancia.

Sin embargo, su dolor por España le llegó a consumir y una de las mentes más brillantes de España se fue para no volver mañana. Puede que Roca de Togores acertara cuando dijo que se fue por “un ser ideal” que no supo encontrar, por la tristeza de una vida falsamente frustrada. Quizá la constante espera de una vida más libre le hizo pensar, como dejó ver en varias ocasiones, que sólo muriendo encontraría la verdadera libertad.

 

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