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Las palabras se las lleva el pueblo

Lo único que veo claro últimamente en esta sociedad es la distorsión y el desfase que existe en el empleo de determinados términos. Hace tiempo ya que el populismo ha seducido al pueblo, y con ello su uso del lenguaje. Llegados a este punto no hay más que reflexionar sobre algunas de las palabras que andan ya lejos de su significado inicial en boca de ciertas –que no pocas- personas, debido a una aquiescencia popular que tiende a situarlas a millas de la idea que realmente representan.

Hay un colectivo ahí fuera hambriento de palabras y de frases con las que poder guiarse. Basta con que caiga una de ellas en la boca de un personaje con cierta influencia en un disminuido círculo, para que el pueblo la recoja y la pase de boca en boca, y así, con la rapidez de un golpe eléctrico, un considerable número de máquinas vivientes las repita y las consagre, haciéndolas suyas, modificando el significado según convenga. La mayoría de veces sin entenderlas, y siempre sin ser conscientes de que una sola palabra, cualquiera que sea, es palanca suficiente para levantar la masa, la muchedumbre, el pueblo, inflamando los ánimos y causando en las cosas una revolución normalmente equivocada. Algo parecido quería decir el gran Larra.

Me asombra el uso ya estipulado que tienen algunas de estas palabras en según qué contextos, sean o no los correctos. Hablo de palabras como ‘casta’ (oh, la casta), esa palabra tan medieval que he escuchado tanto en boca de ineptos populistas que ya desconozco su significado real; o ‘neoliberalismo’, esa otra a la que el prefijo neo torna tan malvada. Explíquenme señores qué es ser neoliberal, porque yo aún no me he enterado y me acusan constantemente de ello. Otro ejemplo es el empleo del término ‘derecho’, el cual se halla absolutamente desfasado: si quiero algo gratis, si tengo algo que reivindicar porque sí, me aferro a un “derecho”. Y así por tener, tenemos derecho a todo. Como el “derecho de Gaza a no sufrir un genocidio”, oigo a través de la opinión de algunos. No pretendo involucrarme en este tema, pero sí en el mal uso que se le está dando a la palabra ‘genocidio’, que es a lo que venimos. Tantas guerras, tantos enfrentamientos, tantos siglos y siglos de historia y civilización, para que me venga alguien ahora diciéndome que lo de Israel y Gaza es un genocidio.

Sin embargo, existe una expresión, una en concreto, que me suscita bastante inquietud debido a que se encuentra manipulada desde sus inicios: la palabra ‘antisistema’. Hoy día está muy de moda decir que eres una de estas personas que están en contra del sistema. El sistema. ¿Qué sistema? Es mi gran pregunta. ¿Harán referencia al sistema que nos roba, nos ahoga con impuestos y nos cohíbe nuestra libertad? ¿Hablarán del sistema insolidario que nos pretende hacer a todos igual de incompetentes y que te soluciona los problemas con una subvención? ¿Es este sistema intervencionista, estatista, regulador, populista y corrupto? ¿Se referirán a dicho sistema imperante? Lo dudo. Es ese el que los llamados actualmente ‘antisistemas’ luchan por legitimar. El sistema predominante. El sistema de los ‘antisistemas’. Qué irónico. Y qué difícil pues resulta encontrar a alguien que vaya contra la mayoría, que sea un antisistema de los de verdad.

A veces a uno, cuando se asoma a la sociedad y le sale esta vena antisistema ‘de verdad’, sólo le queda taparse los oídos por miedo a que se sobrecarguen de populismo y manipulación, con el único deseo de que ciertas cosas provenientes de ella se las lleve el viento, desaparezcan; ya que las palabras, en este caso, se las lleva con gusto y ansia el pueblo.

 

Imagen | Víctor Parreño Vidiella

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