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Los mitos en la Conquista de América

Con el Descubrimiento de América, los horizontes geográficos europeos se dilataron con todo un nuevo continente. El reino de Castilla inicia desde los primeros tiempos un proceso de adquisición de estas nuevas tierras, donadas por el Pontífice, en todo un proceso que se ha conocido como la Conquista de América.

No obstante, no fue únicamente la Religión ni las ideas propias de la época las que acompañaron a las huestes conquistadoras, sino también todo un conjunto de mitos y creencias de carácter legendario; a este corpus de leyendas de carácter fantástico, y que impulsaron numerosas expediciones a lo largo y ancho del continente se les agrupa en los conocidos como los mitos de la Conquista, la mayoría de ellos heredados de la época medieval y cuya finalidad era rellenar los espacios geográficos, mentales y de conocimientos del mundo no conocido aún por los europeos.

La primera de estas historias legendarias es la de San Brandán, uno de los mitos más difundidos en la Edad Media; según la leyenda, San Brandán era un abad irlandés del siglo VI que, junto con 17 compañeros, navegó durante seis años en pequeñas embarcaciones forradas de piel (las conocidas en Irlanda como curragh) sin víveres ni destino concreto, visitando los lugares más extraños, incluyendo las Islas Afortunadas (las actuales Islas Canarias) y hallando cíclopes y monstruos marinos de todas las clases.

Éste fue uno de los mitos que impulsaron las navegaciones en el Atlántico, pues se creía que finalmente San Brandán llegó a una isla en medio del océano y allí se quedó viviendo.

Otro de los mitos que tuvieron presencia en la conquista americana fue la idea de la existencia de gigantes. Se creía que las tierras en descubrimiento estaban habitadas por seres extraños y deformes, e incluso el no hallarlos en las expediciones causaba sorpresa, pues se esperaban con encontrarlos en cualquier momento.

Este mito contiene una fuerte influencia de las leyendas clásicas y medievales, llegándose a confundir restos óseos de animales de carácter prehistórico con los huesos de estos gigantes. A la difusión de este mito también contribuyó Magallanes y sus relatos acerca de los gigantes que habitaban en la actual Patagonia.

El nombre de caribe, referido a los habitantes de las actuales Antillas mayores y menores, tiene realmente su origen en este mismo corpus de leyendas premedievales y medievales. En realidad, los caribes eran un pueblo sometido por Creso, rey de Lidia en el 550 a. C.; este mito sobrevivió y se trasladó a América reviviendo como leyenda en el actual Mar Caribe gracias a Colón, que confundió a las tribus indígenas antropófagas con los caribes históricos, entre cuyas prácticas también se encontraba la antropofagia.

La famosa Fuente de la Eterna Juventud está ligada a ciertas tradiciones indígenas, que comunicaron a los españoles que en una isla llamada Bimini existía tal fuente. También se hablaba de esta leyenda en la región cercana al Orinoco, donde un árbol llamado “de la vida” era del que había renacido el Hombre tras el Diluvio Universal.

El conquistador Ponce de León oyó hablar de ella en Puerto Rico y, tras organizar una expedición, partió en su busca; fue precisamente durante su búsqueda cuando halló la actual península de Florida (llamada así porque llegó a esas tierras en la Pascua Florida). El escritor Pedro Mártir de Anglería dio la variante de “fuente” en vez de “río” o “árbol” y así fue como se conoció desde entonces.

Otro de los mitos fue el de las Siete Ciudades Encantadas, también con un origen medieval. En Portugal se decía que más allá del mar había una isla llamada Antilia habitada por siete obispos junto con muchos cristianos. Ya en América en 1539, fray Carlos de Niza divulgó que en lo que hoy es Nuevo México (EEUU) estaban dichas ciudades; Pedro Vázquez de Coronado, alentado por esta información, partió en busca de estas ciudades, encontrando unas aldeas indígenas construidas en roca y con las casas con varios pisos; por el tipo de roca, los edificios tenían formas fantásticas y se creyó que las ciudades de las que hablaban las leyendas habían sido halladas.

Otro de los mitos cuya fama perdura hasta hoy es el de las Amazonas; su localización fue siempre vaga aunque eran situadas básica y especialmente en América del Sur, si bien en todas las menciones van asociadas de una forma u otra a la Fuente de la Eterna Juventud, a criaturas extrañas y al oro. En la expedición de Gonzalo Pizarro junto con Francisco de Orellana uno de sus cronistas, fray Gaspar de Carvajal, asegura que llegó a verlas, describiéndolas como un pueblo guerrero.

Por último, la más famosa de las leyendas y que perduró con toda su vigencia hasta el siglo XIX, el Dorado. Los españoles oyeron hablar del mítico reino por primera vez a través de los indígenas, que les contaron que existía un reino donde abundaban las minas de oro y donde tenían lugar ceremonias donde el rey se cubría el cuerpo con polvo de este metal. Su localización siempre estuvo rondando la mitad norte de Sudamérica y originó multitud de expediciones que se organizaron en su busca.

Estas expediciones llegaron a conducir hasta a tres huestes que partieron de lugares muy distantes unos de otros coincidiendo en la sabana de Bogotá, donde se fundaría posteriormente Santa Fe de Bogotá, actual capital de Colombia.

Sin duda, la pervivencia de estos mitos provocó que se ahondara en el conocimiento de la geografía americana, pues muchas de las huestes conquistadoras se organizaron persiguiendo alguna de estas leyendas y favorecieron el control territorial español en América, ya que muchas de ellas acabaron en fundación de ciudades e implantación del sistema de gobierno hispano. A su vez, nos habla de la fuerza que aún conservaban las tradiciones y mitos medievales en un periodo tan tardío como el siglo XIX.

Además, es necesario señalar que muchas de estas historias legendarias fueron difundidas por los libros de caballería (el Amadís de Gaula o las Sergas de Esplandián, por ejemplo) y también por los cronistas que acompañaban a las expediciones en su búsqueda de estos míticos lugares.

 

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