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Luz para Trujillo

¿Existe mejor reclamo turístico que ver Trujillo desde cualquiera de las carreteras que lo permiten? Difícil. El reflejo del sol en las piedras que siglos después de ser colocadas componen la parte antigua se traduce en imágenes que bien podrían servir para crear los mejores carteles publicitarios de la ciudad. Una vez dentro, a pie de calle, el efecto es similar. La luz no defrauda y su mezcla con las fachadas de los centenarios edificios se traduce en una atmósfera en enemistad con la prisa, inconsciente del paso del tiempo.

Desgraciadamente, no se puede decir lo mismo al llegar la noche. Cuando la luz ya no es natural, Trujillo queda muy lejos de ser su mejor anuncio. La luminosidad y el brillo cálido de la piedra se traducen en fríos tonos grisáceos. Muchos rincones quedan en penumbra, cuando no en oscuridad. Nada más entrar en la ciudad por la carretera de Cáceres o por la avenida de Miajadas, por poner dos ejemplos, se percibe la insuficiente iluminación. Se siente cierta incomodidad, hasta falta de seguridad.

Desde fuera ocurre algo similar. Trujillo ya no se ve, como antaño, reluciente en medio de la noche. Durante las burbujas (financiera, inmobiliaria y de gasto público) era normal que toda la parte antigua destacase iluminada en la oscuridad, aunque no pocas calles de la ciudad estuviesen en penumbra. Ahora ese privilegio, no diario ni mucho menos, está reservado para el castillo y algunos muros. Y es lo razonable. Éste es un ejemplo perfecto de que la forma más lógica de gestionar lo público, lo de todos, es del modo en que se administra un hogar. Nadie ilumina su fachada si no tiene cómo encender la luz de la cocina. Sin embargo, parece que en Trujillo sigue sin haber para bombillas de fachadas ni de cocinas.

Si el maltrecho estado en que dejaron los alcaldes anteriores las cuentas del ayuntamiento no permite que las calles estén mejor iluminadas, lo mejor que pueden hacer los miembros del gobierno municipal actual es decirlo. Repetirlo hasta la saciedad. Se les votó para ello, para que administrasen de una forma diferente, transparente. Quien más y quien menos lo hizo sabiendo o intuyendo lo que se iban a encontrar. Puede que no tengan la posibilidad de que la ciudad esté convenientemente iluminada, pero sí el deber de arrojar luz sobre las cuentas de todos los trujillanos.

 

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