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¡Malditos liberales!

A veces no es suficiente con la verdad si luego hay ausencia de veracidad. No basta con que la razón y la moral estén de parte de uno. Hay que saber vender ambas, tenemos que hacer que los demás también se lo crean. Sólo hace falta un poco de estrategia y otro de carisma, pero parece que los liberales no nos damos cuenta.

Me atrevo a decir que somos el propio cáncer del liberalismo. Somos un colectivo con muy -demasiada diría yo- poca conciencia de grupo, con un débil sentimiento de unión entre nosotros. Es tal esta carencia, que a pesar de ser tan reducida la minoría que realmente es liberal en este país (no de esos que son ‘liberales en lo económico, boquerones en vinagre en lo demás’), podemos encontrar todo tipo de diferencias simplonas y discusiones patéticas para ver quién es más liberal que quién. Somos cuatro gatos, y nos hallamos en constante desemejanza entre todos, sin salir del eterno debate entre el minarquismo y el anarcocapitalismo, repartiéndonos carnets de liberal los unos a los otros. Y de ahí no nos movemos.

Ya lo dijo Willie el escocés de color amarillo en su queja contra los escoceses. Sólo hay que cambiar a éstos por los liberales: “Los hermanos y las hermanas son enemigos por naturaleza. Como los comunistas y los liberales, o los fascistas y los liberales, o los conservadores y los liberales, o los liberales y otros liberales. ¡Malditos liberales, han destrozado el liberalismo!”. Razón no le faltaba al jardinero. Nos hemos metido con la izquierda, la derecha, el centro, los extremos, los de arriba, los de abajo, los de dentro y los de fuera, y hemos buscado donde sea cuando se nos han agotado los reductos. Tanto que hemos hurgado en nuestra propia basura. Supongo que será por lo incomprendidos que nos sentimos al encontrarnos en continua disonancia con todas las demás formas ideológicas, económicas y éticas. Supongo.

Y reitero lo que somos, porque nos conformamos con leer a grandes pensadores liberales de la historia y a intelectuales de hoy en día, los cuáles escriben a sabiendas de que los leeremos los mismos de siempre. Ponemos seis tuits al día diciendo lo execrable que es el socialismo y lo maravilloso que es el liberalismo y discutimos con algún comunista que nos encontramos por ahí suelto. Escribimos en blogs con la certeza de que esos pensamientos se quedarán bien bonitos y recopilados ahí, en ese gran y perdido mundo que es internet. Nos quejamos de lo mal que lo hace el Estado mientras desarrollamos nuestras propias teorías desde casa. Porque así nos sentimos mejor con nosotros mismos y más satisfechos por aportar algo a la causa, aquella que estamos reivindicando a nuestra manera sin percatarnos de que se convierte en el verdadero problema. Sin ser conscientes de las consecuencias.

Estamos en una guerra que vamos a perder incluso antes de participar en ella. No nos damos cuenta -o más bien no queremos- de que a los demás no les importa quién es Hayek, qué es la Escuela Austríaca o cuál era la filosofía de Ayn Rand. La gente de la calle tiene problemas hoy, problemas que sabemos que están necesitados de lo que defendemos para que no sean los problemas de mañana. Sin embargo parece que lo ignoramos porque los liberales “no deben” ni asomarse a la esfera burocrática y política, el mensaje liberal “es tan puro” que su intromisión en ella automáticamente lo corrompería, llegando a formar parte de la masa de la que siempre hemos despotricado. Nos encontramos en desapego con todo lo que signifique legitimar el dichoso sistema. Pero dicen que la ventaja se halla en la capacidad que tengas para conocer al enemigo, descubrir sus puntos débiles y atacar desde dentro con el fin de acabar con él. Quizás jugando a su mismo juego llegaríamos a la única forma de conseguir algo. Sólo quizás.

Es nuestra eterna desdicha. En esta guerra, la izquierda siempre ha estado cien pasos por delante, siempre ha sabido vender a la sociedad un producto tremendamente malo e inútil llegando al punto de conseguir crear una fuerte necesidad de él,  se ha relacionado con el cliente de tú a tú hasta hacerle depender completamente en cualquier ámbito de su vida diaria. Es algo muy simple: vender. Pero eso no es posible para nosotros a pesar de tener la razón y la moral de nuestra parte, no entra dentro de nuestros ideales. Movernos en este juego no es lo demasiado individualista para un liberal puro. Y aquí o eres liberal puro, o no eres liberal. Ya sabéis, los carnets y tal.

 

3 Comments en ¡Malditos liberales!

  1. Muy de acuerdo. Felicidades. #LET

  2. ¿Donde están las liberales cuando de movimientos y acción social se trata? ¿Porqué existiendo regulaciones tan execrables, deliberadamente creadas por medios no-democráticos para beneficio de pocos (el status-quo) a costa del resto, no son las liberales quienes montamos campañas de desobediencia sino la izquierda (por sus propios motivos)?

    Coincido con la autora: las personas liberales no sabemos vendernos, no sabemos conquistar corazones. Las LiBo (LIberales de BOquilla) han vampirizado el movimiento hasta generar un estereotipo del liberal rancio, facha y católico. Nos lo tenemos merecido.

  3. Nosotros en Jóvenes por el futuro precisamente tratamos de hacer eso, llevar el liberalismo a la calle, estamos organizando nuestra estructura con charlas prácticas y educativas dirigidas a todo público, nos interesa el barrio, la urbanización de clase media, el opositor que está en contra del gobierno pero ama al socialismo, el socialista que es capitalista y no lo sabe. Este es nuestro trabajo, entre nosotros hay jóvenes Neoliberales y Liberales Clásicos, algunos por Mises otros por Friedman. Pero no le decimos a la gente eso, extraemos la esencia del mensaje y se lo damos a probar en ejemplos prácticos. En eso trabajamos y es nuestro propósito. ¡Por favor establece una linea de comunicación con nosotros! Necesitamos toda la ayuda posible.

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