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Monago el moderno

Monago lleva toda la legislatura buscando una excusa para aparecer en los medios nacionales como el progre del PP. Siempre contra sus votantes. Primero lo intentó cuando habló de “los terratenientes de la calle Serrano”, con escaso éxito. Ahora parece haber encontrado un filón en la ley del aborto. También contra sus votantes y, sobre todo, a costa de una tragedia personal y familiar en la que no debería caber el populismo, menos el beneficio si quiera partidista, personal.

En una reciente entrevista concedida a ‘El País’, el presidente extremeño sostenía que “ser del PP no es apoyar la ley del aborto con un bolso de 3.000 euros”. Último tiro de Monago en el pie de unos votantes a los que cada vez les cuesta más andar para elegir al Partido Popular, y enésimo intento de caer bien a quienes nunca le defenderán. Ni esquizofrenia, ni torpeza: estrategia razonada en la misma entrevista, al ser preguntado si gobernaría igual sin el condicionante de Izquierda Unida: “Me gustaría que así fuera, porque no nos ha ido mal. Con mayoría absoluta hubiéramos cometido más errores que ahora, porque todo lo tienes que hablar y llevar al Parlamento”.

De la misma manera que Monago pasó por alto que los terratenientes de la calle Serrano –o los de la calle Siena– viven en Madrid sencillamente porque no pueden trabajar en su tierra, con el aborto tampoco es capaz de ver más allá. En su cruzada por ser aceptado como uno más entre los que durante décadas han mantenido Extremadura a la cola, el presidente insulta a quienes le votaron en no pocos casos como mal menor. Mientras cree atacar a señoras de las que supone conocer el valor de sus bolsos y, en una extraña consecuencia, el de su moral, realmente esgrime el más clasista y sectario de los argumentos: alguien sin un bolso de 3.000 euros no puede permitirse estar en contra del aborto. Es decir, quien sea pobre, que no tenga hijos.

Si Monago, que gobierna y maneja el presupuesto, fuese el político rompedor que quiere aparentar, el verso suelto que pretende ser, hablaría de políticas de apoyo a la natalidad y no de aborto como único recurso para mujeres desfavorecidas. Pero eso no es moderno, ni propicia entrevistas en ‘El País’. Parece que el respeto tampoco. Quizá Monago desconozca que no hay nada más caduco que un moderno.

IVL

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