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Pablo Iglesias Turrión: su ola

El enfado de la ciudadanía está más que justificado. Huelga seguir hablando del origen, las consecuencias; de cómo los poderosos han salido beneficiados a costa de la clase media y fustigando a las clases bajas. Toda vez que el ánimo de las personas se ha convertido en polvo, ha surgido un barrendero con su escobón morado para erigirse como el paladín de la democracia, de SU democracia. La indignación, la demagogia y el populismo han colocado a este sectario en primera línea para defender un criterio muy contrario a la defensa de la libertad que preconiza pues se trata de un individuo que llama a la guillotina “elemento de la justicia democrática”.

Este individuo ha dado muestras más que sobradas para dilucidar que nos encontramos ante un potencial dictador:

SIMPATÍA CON EL TERRORISMO

El terrorismo etarra ha sido la mayor lacra en nuestros años de estabilidad democrática. Pablo Iglesias Turrión, lejos de condenar contundentemente la barbarie, trata de dar un sentido político a la actitud de estos cobardes. Él profesa que el “papelito” de 1978 no establece un sistema territorial para el Reino, por lo que al no existir un marco de legalidad preciso que garantice el desarrollo de cada nación, las identidades peligran. Como la transición es una pantomima evolutiva del franquismo, ETA tuvo que mantener su lucha por defender la voluntad de un pueblo.

APOYO A LOS TOTALITARISMOS

Su ejemplo, su fin, su ideal de justicia es el poder del pueblo. La manera de que este impere es por medio de políticas sociales por las cuales todas las personas puedan tener las mismas posibilidades; esta modelo de gestión solo se consigue por medio de la imposición de una doctrina que debe ser acatada por todos. Los gobernantes son deidades mediáticas que manipulan a su antojo los entresijos del Estado. Esta es la admiración que Pablo Iglesias Turrión tiene por Venezuela, Cuba o Irán. Pero no hay más asomarse para ver lo mermada que está la población de estos países, sumidos en una pobreza general cuya única posibilidad de realización viene de la limosna de unos pocos turistas que dejen dólares americanos.

UNIFORMIDAD

“La educación es el arma más poderosa”, no le faltaba razón a Nelson Mandela. Cualquier persona pretenciosa sabe que su mayor argumento reside en el apoyo de sus seguidores. Ejemplo gráfico son los campamentos falangistas o los planes de educación de Cataluña. De ahí la defensa a ultranza de Pablo Iglesias Turrión por una educación exclusivamente pública. Con este eufemismo se garantiza un apoyo perpetuo consolidador del sistema.

Las pretensiones de todo sistema autocrático es alcanzar, aunque solo sea rozar, a la institución que ha llegado a copar el mayor poder terrenal jamás visto: la Iglesia. El control de la Iglesia residía principalmente en ser la única fuente de conocimiento, a la cultura acompañaba lo único importante: Dios. De ahí la necesidad de los totalitarismos en convertir en deidades a sus líderes: Kim Jong-Un, Hitler, Stalin, Chávez, Franco, Pinochet, Mao, Castro y Guevara. La diferencia clave entre aquella Iglesia y los actuales totalitarismos estriban en el contexto histórico.

Prueba de esta argumentación es la actual postura de este nuevo fenómeno en cuanto a la libertad de expresión. En nombre de esta aboga por un control público de los medios aludiendo a que los sectores privados no pueden quedar impunes cuando viertan opiniones contrarias a la ciudadanía. La realidad es otra: cualquier voz discordante debe ser reprimida.

Todo en nombre del progreso, todo en nombre de la libertad, todo en nombre de la realización de cada individuo. Pero su verdadera intención es crear una ilusión a la sociedad de una alternativa próspera y acomodada, manteniéndola alejada de responsabilidad, valores y educación cívica. Y si estás fuera del redil no olvides que la guillotina es la madre de la democracia.

Yo creo en la democracia con todas sus consecuencias, si resulta revestido lo aceptaré pero no penséis que voy a permanecer callado ante uno de los mayores peligros al que podemos enfrentarnos. Pablo Iglesias Turrión aprovecha la frustración, aglutina a los descontentos que creen en él, les da una motivación utópica, sectoriza su postura, desprecia al que plantea otra forma y así conseguirá arrasar todo con su ola.

 

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