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Se ha caído un mito

Unos bonitos ojos azules y una sonrisa amable. Características físicas no singulares verdaderamente efectivas para conectar con el gran público. En definitiva el arte es trasmitir, enganchar, generar sentimientos y él lo consiguió pues su aspecto familiar, afable, resultaba perfecto para conectar.

Esta apariencia la remataba con lo que yo considero talento, aún siendo un ignorante absoluto del cine, tengo este señor por uno de los grandes de la historia. De ahí su prolífica carrera con películas para cualquier etapa de la vida.

Con la Sra. Doubfire comprobamos que el amor fraterno no tiene límites. En Kramer contra Kramer vimos que un padre es capaz de aprender a hacer un desayuno decente, pero Williams adaptó el mensaje para que los niños aprendieran la necesidad de tener cerca al amante padre, aunque sea un desastre. En las relaciones personales es fácil estar equivocado y la redención cuesta trabajo.

De Jumanji mejor ni hablar porque… ¡¡CÓMO NOS HEMOS DIVERTIDO!! Alucinante ver rinocerontes en la ciudad o un niño convertido en mono.

Las obligaciones nos llevan a olvidar lo bello de la infancia. Lo divertido que era pedalear por la plazuela o pegar balonazos en la puerta de la vecina más desabrida de la calle: la enemiga… Tiene que venir el Capitán Garfio, robarte lo que más quieres, para entender la necesidad de compartir tiempo con tus hijos porque este es mejor espejo para que la llama infantil sigua viva en nuestros corazones.

Y Jack, pobre Jack… Crecía sin freno siendo despreciado; ansiando ser aceptado por los de su edad. Pero los prejuicios no nos dejan disfrutar de las ventajas aportadas por el diferente. Lo malo es que lo bueno dura poco y Jack se iba rápido.

Por eso, carpe diem, Mi Capitán, “coged las rosas mientras aún tengan color pues pronto se marchitarán”, “el amor es lo que nos mantiene vivos” y el suicidio nunca puede ser una puerta de salida a la frustración. Lo aprendió de su alumno.

Williams domó a un potencial atormentado por el miedo al fracaso, a una persona refugiada en su propia autosuficiencia para excusar su banal desanimo por florecer. Robin se asomó a nuestras pantallas para hacer ver que la aceptación es el primer paso para superarse.

Parece que él por desgracia no lo consiguió. No soy quién para juzgar, menos a una mente enferma, pero he olido el dolor que deja una muerte de este tipo y créanme; resulta insoportable para los que quedan abandonados. Yo admiro a Robin, del mismo modo que admiro a Ton Hanks -por ejemplo-, buenos artistas que con su actuación me han dejado meditando. Pero he de afirmar que el suicidio es el acto supremo de egoísmo y cobardía. Por eso se ha caído un mito…

Que Dios perdone y acoja a Robin Williams.

 

Imagen | hbo.com

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